Miles de muertos, cesantía, femicidios, y represión. Es hora de echar a este gobierno

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La crisis económica y la pandemia del coronavirus sigue demostrando que el sistema capitalista es incapaz de garantizar la vida de la humanidad. Hemos llegado al punto en que los gobiernos nos hacen naturalizar las miles de muertes y la cesantía que avanza.

Sin embargo, no es cierto que todos estamos en la misma situación frente a la pandemia. Esta crisis ha favorecido a un sector de multimillonarios dueños de emporios tecnológicos de Estados Unidos, las ganancias acumuladas de las 10 personas más ricas del mundo desde principios de año es de 938 mil millones de dólares, lo que equivale al Producto Interno Bruto (PIB) combinado de 90 países.

En Chile, las 10 familias más ricas -Luksic, Piñera, Angelini, etc- si bien no han aumentado su patrimonio (e incluso algunos han perdido como fue el caso de Paulmann) siguen teniendo jugosas cuentas: Luksic supera los 10 mil millones de dólares; Piñera se mantiene en los 2600 millones de dólares.

Esto, mientras los pobres se contagian, mueren, quedan cesantes, pasan hambre y son reprimidos. Pero la clase trabajadora ha salido a responder, y se ve en la lucha de EEUU, El Líbano, Belarús (Bielorrusia), Bolivia, Chile, etc. Aunque sean distintos los motivos de “la gota que rebalsa el vaso”.

Es necesario sacar a Piñera y a todo su gobierno

Acá el gobierno habla de unos 400 mil contagios desde que inició la pandemia, sin embargo un estudio de la U. de Talca dijo que se detectaban uno de cada seis casos. Dice que hay poco más de 10 mil muertes mientras otro estudio hace poco más de un mes habló de más de 14 mil muertes. Las cuarentenas con sus toques de queda son solo control y represión.

Según datos de la fundación sol, más de 4 millones de trabajadores están siendo afectados ya sea por el desempleo total, parcial o potencial, y la situación está lejos de resolverse aún; el 10% de las AFP que conquistamos con lucha ya se está acabando; el gobierno a través del Ministerio de Hacienda rebajó 54.700 millones de pesos al presupuesto de nueves regiones. Todo mientras la CUT negocia con el gobierno un sueldo mínimo de 400 mil pesos, menos plata de lo que necesita una familia para superar la línea de la pobreza. Las cifras de la crisis son comparables con las de la crisis de 1982.

Pero además, vemos casos de violencia machista y violencia contra el pueblo mapuche. Y no son hechos desconectados, pues las opresiones y el despojo que los gobiernos han hecho contra el pueblo mapuche son parte del proyecto del sistema capitalista para garantizar la ganancia de la burguesía y su dominio en el poder. Solo así se entiende porque no ha habido justicia contra los femicidas y violadores. Solo así se entiende la militarización del Wallmapu, que encarcelen al pueblo mapuche y haya espacio para grupos fascistas como APRA.

Esta situación es responsabilidad de los de arriba: El ministro de salud Paris frente a la situación de pandemia; Víctor Pérez en el ministerio de interior contra el pueblo mapuche; el Ministro Briones de Hacienda contra los trabajadores, en fin todo el gabinete de Piñera. Han estrujado hasta más no poder a la clase trabajadora, tratando de calmar con bonos insuficientes que se hacen agua entre los dedos y ahora diciendo oportunistamente que votarían “apruebo” -porque quieren centrarse en ganar el segundo voto con convención mixta-. ¿Cuánto más se podrá sostener esta situación? ¿Cuánto más se podrá sostener el gobierno de Piñera que es odiado por ser una cara del empresariado y ser el asesino de los más de 40 luchadores caídos tras la revolución iniciada el año pasado? Debemos mantener firme en cada lucha la perspectiva de hacer caer a Piñera y a todo su gobierno, incluso ahora que se instala el Proceso Constituyente, debemos tener claro que cualquier nueva constitución no será realmente democrática si se logra a través de un proceso encabezado por el criminal de Piñera.

¿Y qué hacer frente al plebiscito y el Proceso Constituyente?

Primero que todo, debemos tener claro que este plebiscito al igual que el 10% de las AFP, fue conquistado a punta de lucha en las calles, barricadas y enfrentamientos fuertes contra la represión. Cualquier otro cambio profundo va a requerir una lucha superior a la que hemos dado, incluso debemos montar un plan de lucha que supere lo que ocurrió el 12 de noviembre del año pasado, gracias al cual logramos arrancarle a Piñera este plebiscito.

Diferente es lo que dicen los de arriba, desde el Frente Amplio y el PC a la derecha, quienes dicen que podemos lograr los cambios solo confiando en participar de este proceso “democrático” y en las elecciones para presidentes u otras. Esto es así, aunque la derecha con matices hable de postergar el plebiscito dando como un argumento hipócrita la situación de la pandemia.

La claridad de que solo la lucha cambia las cosas y de no quedarnos “esperando” con ilusión a que el Proceso Constituyente va a mejorar nuestra vida, debe estar más presente si sabemos que es un proceso tramposo creado para finalmente cambiar casi nada: la elección de delegados constituyentes aunque sea mediante “convención constitucional” será casi bajo los mismos criterios que para elegir parlamentarios priorizando a partidos legales; será un proceso financiado por empresas; se prohíbe participación de jóvenes secundarios que iniciaron la revolución; se ponen trabas para la participación de dirigentes sindicales y sociales; se pedirá un cuórum alto de ⅔ para cualquier cambio; hay prohibición de alterar los Tratados Internacionales ratificados por Chile, incluyendo los Tratados de Libre Comercio; y un largo etcétera. Muchos honestos activistas se niegan a participar del plebiscito y del Proceso por esta misma trampa y engaño de los de arriba.

Nosotros desde el MIT sabiendo que esto es una trampa creemos que hay que participar para no darle camino a la derecha del rechazo, porque queremos desde esta tribuna decir que debemos echar abajo el capitalismo y a sus gobiernos a través de la revolución, que queremos echar abajo la Constitución de Pinochet que ha sido reformada, validada y firmada por la ex Concertación que ahora de forma hipócrita también va por el apruebo. Por eso vamos por un apruebo que surja de la revolución con independencia de clase de los partidos del régimen y de organizaciones reformistas como el FA y el PC. En la segunda papeleta llamamos a votar convención constitucional y marcar con “Fuera Piñera y AC”.

Pero llamamos a la tarea prioritaria de retomar la lucha -con los resguardos de salud sean mascarillas u otros-, a que desde las asambleas territoriales, las ollas comunes, centros de acopio, sindicatos, centrales sindicales incluso como la CUT, Portuarios, trabajadores del cobre, entre otros, impulsemos un Frente Único de trabajadores y pobladores para luchar por: Fuera Piñera, por la libertad de los presos políticos, garantizar ingreso de 600 mil pesos para trabajadores y cesantes, frenar los despidos, volcar la economía para detener la pandemia y por una AC libre y soberana.

Si gana el apruebo, todos los activistas e independientes que no están en partidos por el régimen deben tener el derecho a postularse como delegados constituyentes, esto bajo la legalidad de los ricos se vuelve imposible por la cantidad de firmas y plata que se requiere, entonces los partidos legalizados que se dicen defensores de la lucha como el PC y los del Frente Amplio -entre otros- deben abrir sus listas y poner espacios a disposición para candidatos independientes que vengan de la revolución, que sean propuestos democráticamente mediante las asambleas territoriales u otras instancias de organización social. Esto no puede confundirse con lo que tratan de hacer estos partidos reformistas, de intentar cooptar a dirigentes sociales para ponerlos en el parlamento y desviar así las luchas. Pues cada candidato independiente debería tener independencia política total de estos partidos legales y no quedar atado a ningún compromiso de intercambio de votos o de bajar el programa que quieran representar. El espacio que deben dar estos partidos, es realmente un espacio que le corresponde a la gente que ha estado protestando en las calles, pues gracias a la primera línea, a los activistas de las asambleas y a los luchadores en general, obligamos a Piñera a ceder este Proceso Constituyente.

Cada delegado constituyente debe principalmente ser un motor en impulsar la movilización que supere a la del 12 de noviembre y exija los puntos expuestos anteriormente y todas las reivindicaciones de la clase trabajadora. No podemos permitir que por medio de proceso constituyente intenten desviar la lucha para evitar que volvamos con fuerza a las calles, y mantener la paz de los ricos con total impunidad a quienes violaron los derechos humanos tras las movilizaciones.

Con todo esto, desde el MIT tenemos claro que nuestras demandas no serán solucionadas solamente escribiendo una nueva Constitución ni aunque fuera a través de una AC totalmente democrática, ya que los ricos no entregarán fácilmente todo lo que nos han robado por décadas. Ellos preferirán dar otro golpe militar que devolvernos nuestra riqueza. Por ello, siempre diremos sin medias tintas, que la única forma de conquistar cambios reales a favor de la clase trabajadora, es si damos pasos firmes en nuestra organización, ya sea: fortaleciendo la autodefensa a través de especializar a la primera línea; recuperando los sindicatos en favor de la base obrera, cuestionando y denunciando a las dirigencias burocráticas amigas del empresariado, creando sindicatos si no los hay; avanzando en ensayos de autoorganización en las poblaciones a través de las asambleas; etc. Todo lo anterior en perspectiva de forjar embriones de poder de los de abajo.

Sólo en ese camino de autoorganización y autodefensa coordinada de nuestra clase podremos avanzar hasta que las y los trabajadores tomen el poder -y éste se pueda sostener bajo democracia obrera-, única garantía de que se gobierne en función de las necesidades del pueblo trabajador, y no en función de las ganancias empresariales. Todo esto no lo dice ni el PC ni el FA ni mucho menos la ex Concertación, por eso nuestra lucha también es contra los engaños que estos aparatos hacen a la clase trabajadora.

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