Las caras de la revolución: Alejandro Carvajal

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Vía: La Voz de los que sobran

El joven acusado de incendiar la universidad Pedro de Valdivia que arriesga 15 años de cárcel

El estudiante fue acusado de prender fuego al edificio el pasado 8 de noviembre en medio del proceso revolucionario. Su abogado insiste en que la prueba para acusarlo, basada un carabinero encubierto, es ilegítima e ilegal. Testigos no considerados en el proceso dicen haber visto bombas lacrimógenas en el segundo y en el tercer piso del inmueble. Mientras tanto, Alejandro lleva siete meses en prisión, encerrado en el módulo 12 de Santiago Uno. Su familia lucha por revertir la situación a pocas semanas del juicio oral, donde se dictará la sentencia que podría dejarlo hasta 15 años en la cárcel.

Mientras las miradas están puestas en la crisis sanitaria, en una oscura celda de Santiago Uno se encuentra Alejandro Carvajal (19). Escribe en su cuaderno de notas y en cada hoja plasma las vivencias que ha enfrentado en los últimos siete meses. Aún le cuesta asimilar todo, es como otra vida desde aquella tarde del viernes 8 de noviembre del 2019. Las imágenes del incendio de la Universidad Pedro de Valdivia se repiten una y otra vez en su memoria. Lo que pasó ese día es una idea rumiante y trata de entender el por qué fue acusado.

Él se preparaba para ir a Providencia, donde tendría que reunirse con su polola. El trayecto desde Barrio Yungay hasta la comuna de Providencia no supera los veinte minutos. Era la tercera semana del estallido social.

-Cuando iba camino para allá, se encontró con la marcha y se involucró como todo joven con derecho a manifestarse. Mi hijo me cuenta que Carabineros empezó a actuar con mucha violencia, lanzaron bombas lacrimógenas, y cuando corrió hacia Vicuña Mackenna vio que había un incendio-, relata José Carvajal, padre de Alejandro.

Según la versión de su hijo, los manifestantes fueron arrinconados en la Universidad Pedro de Valdivia -ubicada cerca del Parque Bustamante- la que en ese momento ya estaba incendiándose. Dice que se dirigió hacia la parte de atrás del inmueble -ubicada en Ramón Carnicer, calle paralela a Vicuña Mackenna- y tras dar el último sorbo da una bebida que llevaba consigo, arrojó la botella al edificio. Luego de eso, retomó su camino, sin saber que sería detenido minutos después.

“Funcionarios de civil, mientras realizaban funciones de prevención, iniciaron un seguimiento a uno de los involucrados, proporcionando las características de vestimentas (…) por lo cual siendo 19:58 horas, en las intersecciones de avenida Libertador Bernardo Ohiggins con calle Lord Cochrane, funcionarios de FFEE, procedieron a su detención” , se explica en el Informe Pericial Criminalístico.

Alejandro no entendía lo que estaba ocurriendo, ni por qué lo habían detenido. Estaba angustiado, sabía que una detención en el contexto de la represión podía terminar bastante mal. Desde dicha esquina –donde se ubica la Torre Entel-, fue trasladado hasta la 3era Comisaría de Santiago.

Al llegar al lugar, dos carabineros lo señalaron como el responsable del incendio de la universidad. Luego lo derivaron a la Comisaría 33 de Ñuñoa, conocida por tratar los casos de delitos incendiarios ocurridos durante la revuelta social.

Al día siguiente fue su formalización en el Octavo Juzgado de Garantía de Santiago. Estuvo acompañado por su madre, María Gutiérrez, quien miraba expectante la escena convencida de que volvería a la casa con él, pero quedó con medida cautelar de prisión preventiva.

-Ese momento fue desgarrador, porque miró a su mamá como pidiéndole ayuda, con cara de afligido, de desesperación, como diciéndole que él no había sido-, explica José.

Desde aquel sábado 9 de noviembre del 2019 se encuentra recluido en el módulo 12 de Santiago Uno, mientras batalla por recuperar su libertad y demostrar su inocencia.

Uno de los pasatiempos favoritos de Alejandro era practicar deportes extremos. Sentir la velocidad, la adrenalina cuando descendía en rafting era algo que lo llenaba por completo. Su vida antes del viernes 8 de noviembre era la de un joven de cuarto medio que pasaba tiempo con sus amigos y guitarreaba en sus momentos de ocio.

Nació el 31 de agosto del 2000 y es el menor de siete hermanos. Tuvo una niñez feliz- en palabras de su padre- marcada por los paseos en medio de la naturaleza fuera de Santiago. Lo describen con un carácter apacible. Estudió en el colegio Fermín Vivaceta donde era conocido por su pasión por la cocina y ser el encargado del casino del establecimiento. Su padre aún recuerda con orgullo el momento en el que les contó sobre su gran desempeño en la cocina del liceo.

-Cuando tomó la administración del casino, nos contaba que antes solo se vendían dulces y cositas chicas, vino él y empezó a ingeniárselas para vender completos, papas fritas y hasta los profesores le iban a comprar-, recuerda José.

Al momento de ser detenido, estaba cursando las últimas semanas de cuarto medio. El 13 de diciembre, mientras estaba recluido en Santiago Uno, se llevó a cabo la licenciatura y no pudo asistir.

A pesar de la situación sus padres decidieron asistir a su graduación, en compañía de Benjamín (25), hermano de Alejandro, con quien mantiene una estrecha relación debido a la corta diferencia de edad entre ambos. Él recibió el diploma en reemplazo de su hermano, con aplausos efusivos de todos los asistentes en el patio. María y José miraron emocionados la escena. Por primera vez sintieron que no estaban solos.

Aunque la cocina es su pasión, siempre le comentó a su familia que quería estudiar psicología, al salir del colegio. Los planes quedaron congelados después de todo lo que ocurrió.

Alejandro hoy escribe para matar el tiempo en su cuaderno, relata su vida cotidiana en el módulo 12 de Santiago Uno. Sus compañeros de celda, al igual que él, están en prisión por delitos relacionados a la revuelta social, y debido a la pandemia hace meses que no ven a sus padres.

-No pueden ingresar parientes. Él es fuerte y tiene un carácter muy especial. También es muy culto e incluso ayuda mucho a los otros presos, entregándoles soporte psicológico cuando decaen-, explica Lorenzo Morales, su abogado defensor.

En cuanto al difícil proceso judicial que enfrenta Alejandro, el abogado comenta que el Ministerio Público se empecinó en afirmar que fue un “hecho notorio”, ya que toda la sociedad chilena vio cómo se quemó la universidad, con todas las contradicciones que hubo ese día, puesto que muchas personas vieron bombas lacrimógenas en el segundo y en el tercer piso.

-Insisten en una prueba indiciaria, ilegítima e ilegal, que es un carabinero encubierto que les sirve de prueba y sostiene sus dichos. Lo que no esperaban es que lleváramos una prueba propia, incluso un peritaje, donde descartábamos que Alejandro hubiese ingresado al inmueble- afirma Morales.

El juicio oral se llevará a cabo a más tardar en 45 días más, con una pena que podría llegar hasta 15 años de cárcel. La familia y su defensa confían en revertir la situación y que vuelva a retomar su vida, en casa, con los suyos.

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