El renegado Salazar y la revolución socialista en Chile

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Por Mariano Vega

Muchos caminos llevan a los intelectuales
hacia la revolución (aunque no todos hasta el fin).
León Trotsky

Toda revolución provoca impactos en los sujetos, ya sean militantes, simpatizantes, activistas, luchadores o personas comunes sin inclinación política. Triunfos y derrotas, ascensos y declives-repliegues, alegrías y penas, toda revolución libera fuerzas, acelerando contradicciones entre quienes hacen carne y hueso las ideas que los mueven y quienes dictan el verbo, plataforma o programa como construcción del futuro deseado para la mayoría de la sociedad. No todos van a la lucha con ideas claras, cultas, tonificadas y comprendidas, es aquí donde la acción va en búsqueda de la orientación en la experiencia vivida. Sentir que el “orden normal de las cosas” no se ajusta a la realidad, insta a movilizarnos contra el viejo orden para crear uno nuevo.

En este sentido, cabe analizar la última publicación del historiador Gabriel Salazar, “Acción Constituyente. Un texto ciudadano y dos ensayos históricos”. Tajamar Editores, 2020, ya que durante buena parte del siglo XXI ha sido uno referente de los “nuevos movimientos sociales”, en las Universidades y el “mundo popular” y hoy nos propone una alternativa a la crisis social que vivimos.

¿Desde dónde y hacia dónde? Los caminos del “maestro” Salazar.

No cabe duda que las investigaciones históricas de Salazar son invaluables para la comprensión de la realidad histórico-social de la clase trabajadora y popular en Chile. A la vieja tradición militante de los historiadores de izquierda, centrados en una historia rígida, estructuralista, centralizadamente objetiva, la inversión de Salazar visibiliza la acción cotidiana de los explotados y oprimidos desde abajo, analizando las tradiciones, cambios y rupturas socio-políticas contra el orden establecido.

Ex militante del MIR (1970-1979), miembro de su Comité Central, en el exilio en Londres, Inglaterra, es expulsado y empieza un camino de ruptura con el marxismo militante y la adopción de un camino propio. En dicho exilio, buscando primeramente unir a los miristas en Europa para la realización del IV Congreso, pero mayormente, sobre un estudio de la derrota chilena, vendrían los cuestionamientos y críticas a la dirección del MIR y su stalinismo, tanto en la relación del partido con sus militantes y el movimiento de masas o social. Crítica a las concepciones vanguardistas y militaristas, sepultarían la ruptura-expulsión de Salazar por parte de la dirección del MIR. El camino propio divagaría en sus estudios de doctorado en Londres, la adopción del “neomarxismo thompsoniano” y los preludios de la renovación socialista en Chile, aquel que hablaba de autonomía y autogestión desde el socialismo. Los socialistas neoliberales aún no asomabani.

Retornado a Chile a mediados de los años 80, remplazó la militancia política por la militancia en ONG para aplicar sus estudios, generalmente en las poblaciones, que mantuvo hasta bien entrada la primera década del siglo XXI. A eso sumó el retorno a las Universidades después de vuelta la democracia. Combinando ambos focos fue visibilizándose como una referencia obligada, un nuevo mesías, dentro del ámbito universitario. El “maestro” daba luz al nuevo verbo, que muchos ex militantes de izquierda, reconvertidos en militantes de movimientos sociales, y universitarios buscaban como guía orientadora contra la injusticia y desigualdades sociales. El maestro, sin embargo, rechazaba su labor de mesías, otros debían construir “el tranco del pueblo”, la alternativa contra el neoliberalismo. No es hasta post-2011 que Salazar irrumpe en la esfera pública, proyectando una posición más política en sus escritos y propuestas. Siempre las tuvo, porque el “topo de la historia” siempre ha estado abajo, en subsidencia, subvertiendo la realidad histórica-social. Mas llegaba la hora de enfrentar el combate por la ideas y proyecciones para la ciudadaníaii.

Nuestra marcha ha comenzado ¡Viva la revolución de Octubre en Chile!

Como una fina ironía de la historia, el Octubre chileno tiende a reflejarse como espejo en la revolución rusa de octubre de 1917, más allá de las diferencias del calendario occidental, fechada el 7 de noviembre y de las acciones conscientes de los bolcheviques. El simbolismo adquiere una idea-fuerza y parafrasea a Marx…la revolución puede convertirse, esta vez, no en farsa sino en tomar el cielo por asalto. Mas la pregunta gira ¿Cómo? ¿Con quiénes? ¿Hacia dónde?, llevamos nuestra revolución.

En este sentido, la primera parte del texto de Salazar esquematiza la matriz socio-histórica y política de Chile desde su Independencia como República hasta nuestros días. Los “pecados capitales” de la “clase política civil” (CPC) son la base de su sustento de clase, orientándose a autoreproducirse, autolegitimarse y autorepresentarse contra los ciudadanos/as. Un círculo que gira en torno al control del Estado vía militar; la economía mercantil internacional; la centralización estatal contra regiones, provincias y comunas locales; educación colonialista, individualista y extranjerizante contra la identidad nacional y social, al punto de crear identidades subalternas naturalizadas; y la ausencia democrática de una Asamblea Nacional Constituyente.

Conectado a lo anterior, identifica “problemas históricos de arrastre no resueltos”: desigual y diferencias en distribución de ingresos; generación de jóvenes marginales NI-NI (ni trabajan ni estudian); trabajo abusivo, explotador y precarizado por la insuficiencia del salario-sueldo y la usura de la deuda crediticia; colonialismo chileno de la élite blanca contra autonomía de los pueblos originarios; sistema de educación e identidad transnacional contra lo nacional-local; y la ciudad urbana neoliberal, a merced de las finanzas inmobiliarias y Mall’s. contra la experiencia local, vecinal o poblacional.

Explorado estos puntos, Salazar plantea una de sus principales tesis, que ha sido su modus operandi desde el retorno a Chile. Nos señala que el estallido chileno es una potencia al cubo o “tercera potencia” por tres factores: fin al divisionismo ideológico-partidario del siglo XX; rechazo y ruptura con las viejas vanguardias caudillistas o militantes, aquél “movimiento de masas” y “peticionista”; y poder soberano, constituyente y autónomo para imponer una nueva Constitución. Este último punto es determinante en la lógica salazariana que más adelante se verá.

Por último, Salazar nos recalca las trampas de la “oferta constituyente” de la CPC (derecha piñerista, Nueva Mayoría y Frente Amplio), pues entre gallos y medianoche, a las 02.00 Am aprox., fue firmada la sentencia de muerte (aparente y/o superficial) de la Constitución de 1980, luego de la huelga general del 12 de noviembre y señalada como la jornada más violenta desde el 18 de octubre. Trampas asociadas a un Plebiscito post enfriamiento de la álgida situación política nacional, gracias a la represión y sus más de 2500 presos políticos, para aprobar o rechazar una nueva Constitución; la elección de los miembros de la Convención para un año y el término de los debates de ésta en dos, justo al término del mandato presidencial de Piñera; la elección de los miembros constituyentes por medio de la ley de partidos políticos, anulando posibilidades de candidatos independientes; la aprobación por 2/3 de la nueva Constitución, cuyo 1/3 vetará los cambios al modelo neoliberal; la ratificación vía plebiscito de la nueva Constitución. ¿Convención Mixta o Convención Constituyente? Todos los caminos conducen a una nueva derrota ¿histórica? La realidad puede ser más rica que nuestra propia teoría.

Tomando esta primera parte de Salazar, son significativas las coincidencias en su análisis sobre los pecados capitales, los problemas históricos de arrastre no resueltos en Chile y la farsa constituyente, siendo de gran valor en el estudio de nuestra historia local y en las tareas que plantea la revolución chilena. Mas las primeras diferencias parten del marco analítico de la lógica salazariana, conceptos como clase política civil, nos habla de una hibridez entre un marxismo social-económico y política liberal, donde clase se constituye como tal en la superestructura, “por arriba”, en el dominio de la formación social (modo de producción-relaciones sociales de producción-medios de producción, distribución y cambio), en la administración o gobierno del Estado y las instituciones del régimen (Congreso, Tribunales de Justicia, partidos políticos, etc). Así, la clase trabajadora, queda reducida a una formalidad por su ubicación en el sistema capitalista, subsumida en el concepto “pueblo mestizo” o “ciudadanos/as”.

Aquello, no es una ingenuidad intelectual, cumple la trayectoria y propuesta política de Salazar. Las críticas de éste al conjunto de la izquierda chilena durante el siglo XX, en gran parte de todas sus obras, son ciertas y ajustadas a la prueba de los hechos. La izquierda entre 1934-1973 fue esencialmente política y parlamentaria, es decir, su acción fundamentalmente se desarrolló dentro de los marcos legales de la clase política civil, utilizando a las “masas” como rebaño, correa de transmisión de sus políticas ideológicas. Si bien reconoce la cultura stalinista del MIR y la izquierda chilena, la validación personal de su experiencia como intelectual, marca los caminos de la inversión del militante Salazar: Allende, el MIR, la tortura y el exilio. El viejo Salazar debe ajustar cuentas con el “viejo” (joven) Salazar. El maestro debe exorcizar sus pecados de juventud.

Estado, poder y régimen: Neorreformismo o revolución

Llegados a este punto, la segunda parte del texto de Salazar es la vertiente o el “nuevo verbo” político para la acción en la coyuntura del proceso Constituyente chileno. El topo de la historia se presenta histórico, procesual (en un camino de larga duración) y apolítico, por lo cual, se maneja bajo propios códigos, normas, estructuras, tácticas y estrategias: lo central, no respeta el orden y ley establecida.

Ironía de la teoría, Salazar comanda la “carta táctica” hacia la organización y uniformidad de los cabildos deliberantes para la nueva Constitución, a través de las comunidades o territorios donde habitan las/los ciudadanos. En este lugar, por naturalidad hay participación y deliberación sobre el día a día de cada uno de nosotros. Consecuentemente, la táctica es construir cabildos federativos y extenderlos a nivel nacional-local y para ello, no habría que escatimar el uso de la ley 20.500 sobre asambleas, participación y gestión comunales, promulgadas el 2011 en el primer gobierno de Piñera.

El primer punto político del topo de la historia se resquebraja, ya que Salazar invisibiliza la contradicción capital-trabajo que rige al capitalismo mundial. Lo anula, olvida y esconde bajo la alfombra, pues lo central para él es el conflicto territorio-régimen, expresando el primer giro oportunista. Primero, el topo de la historia es apolítico y subversivo para luego girar hacia el Estado y reclamar y/o utilizar sus herramientas. La línea divisoria entre una política ultraizquierdista se hermana y potencia con la acción oportunista, los extremos son compatibles con la estrategia salazariana que veremos más adelante. Ejemplos: Salazar le dice a un trabajador asalariado, planta o subcontratado; trabajador público de planta, contrata o honorarios; no participe en su sindicato u comité fabril, no vale mucho, es tiempo perdido, vaya a donde vive y converse todos los problemas que le afectan. En su territorio discuta, proponga y ejerza alguna acción para cambiar su nivel de vida. No demande o exija al Estado, si nadie toma o resuelve sus problemas, utilice las herramientas del Estado. Mas, desde mi territorio ¿Cómo yo trabajador/a puedo aumentar mi salario/sueldo si mi empleador-empresario-patrón no vive donde yo vivo ni menos donde trabajo no está ubicado en mi misma comuna de habitación? ¿Cómo yo trabajador/a puedo acceder a mejoras en condiciones laborales: sala cuna, pago de bonos, horas extras, ropa, descuentos por convenios con empresas, negociación colectiva? ¿Cómo yo trabajador/a independiente me protejo en salud y previsión social y derechos de un trabajador dependiente? ¿Dónde yo trabajador/a paso la mayor cantidad de tiempo-fuerza? ¿En mi territorio o lugar de trabajo? La realidad objetiva no existe para el maestro. Y si existe, es para negar su condición de ser.

Lo anterior, no es nada nuevo, es la vieja política del MIR, cuando la realidad objetiva les imponía los Cordones Industriales en la Unidad Popular, ellos crearon los Comandos Comunales, a partir de una política colateral, divisionista y aparatista contra los trabajadores en su territorio o población. Ha sido ardua la polémica desde el “mundo universitario y académico” contra la estructuración y ser de la clase obrera y los pobladores. Dimes y diretes van entre quienes abandonaron la militancia en la izquierda (stalinista) y se reconvirtieron en los movimientos sociales. A modo central, sigue siendo la política lo primordial a tomar en cuenta en la realidad objetiva.

El apolítico Salazar gira con una explicación precaria y circunstancial al Estado para alimentar una orgánica que fue sucediendo post estallido social. En este punto, el Cabildo que rescata es el viejo cabildo de la Colonia en Chile, defenestrado por el Estado, las oligarquías y burguesías nacionales durante el siglo XIX y XX. Cabildos que por naturalidad histórica son órganos deliberativos, participativos y constituyentes. Mas el maestro sabe advertir de los peligros de la institucionalización de éstos por la podrida CPC, pero les otorga un carácter popular si son hechos desde abajo, sin los políticos profesionales. Independiente de ello, Salazar en este texto omite las jugadas del régimen, donde un sector de Alcaldes tomó las banderas de los Cabildos y los controló bajo su gestión. Aquel control, no hay que ser muy ciegos en ello, es la forma de hacer respetar el régimen, su orden y ley. El silencio otorga, sumado a un oportunismo velado y la carencia de análisis proyectivo de las tareas que visibiliza la revolución chilena.

Los más incautos cayeron en la trampa del Cabildo, otros, conscientes del pasado, levantaron Asambleas Populares o Territoriales, mas la mayoría no pasa de niveles de coordinación local (hacer una marcha, mitin, actos culturales, cursos de historia política, etc) que no están mal sino que carecen de estrategia de poder y clase, pues no ejercen poder real resolutivo y práctico sobre nuestras condiciones de vida, salvo coyunturas extremas que terminan siendo cooptadas por los partidos políticos capitalistas, ONG’s u movimientos sociales apolíticos para finalmente desorganizarse y diluir la protesta social. En este punto, Salazar plantea que las “Asambleas” son un poder dual en Chile desde 2011 cuando emergieron conflictos territorial-medioambientales a lo largo del país. En efecto, aquello fue real (y puede ser la base política de la crisis del régimen) y con fuerte presencia participativa y deliberante, mas los límites de éstas justamente se expresaron en sus carencias. Si no existe una dirección mínimamente férrea a principios estratégicos anti-capitalistas, toda lucha social queda para escribirla en la historia. De lo que se trata es de transformar y cambiar nuestra realidad.

Mas, ¿Cuál es la estrategia de Salazar?, esta la encontramos en los fundamentos y principios de la Asamblea Nacional Constituyente, como la política máxima del período histórico para barrer a la CPC. En cuanto al régimen político, la propia hibridez salazariana lleva a dejar contentos a demócratas liberales y subversivos, pues, la base de dicho régimen es la Asamblea Comunal (territorio) con delegados revocables de organizaciones sociales (mas no políticas), elegidas bajo el principio de equidad entre identidades y sectores de la población (etnias, género, entre otras). Principio de corte federativo que responde a realidades locales, pero que Salazar niega a nivel nacional porque sobrepasaría sensibilidades de los otros sectores sociales. A las/los trabajadores, les dice que realicen una Asamblea Laboral Constituyente, representada por trabajadores, patrones y “representantes del pueblo” para coordinarse con las Asambleas comunales la elaboración de un nuevo Código del Trabajo, donde debe primar la armonía entre los intereses locales y de trabajadores-patrón.

Clase y lucha de clases no son el motor de la historia, ya que anula el confrontamiento entre patrón-empleador y trabajador, para reemplazarlo por una hipótesis Estado-régimen versus territorio ¿Cómo y desde dónde la clase trabajadora puede imponer sus derechos social-laborales sin reconocer concretamente (objetivamente) donde está su verdugo explotador y opresor? Lo anterior, se convierte en un nuevo pecado oportunista, pues criminalmente la estrategia salazariana pasa de invisibilizar la clase como aclase a negarla como declase, es decir, sector social-productivo predominante (numéricamente, aunque no le guste) y sostén del sistema capitalista. Así, el idealismo salazariano anula la realidad objetiva para levantar fórmulas prefabricadas de Universidad. El temor de Salazar es la dictadura del proletariado, para ello, necesita disolver a las/los trabajadores como ciudadanos-pueblo mestizo en las Asambleas comunales y no bajo sus órganos de representación sindical, popular o social. Sumado al cretinismo anti-partidario de Salazar, la estrategia se vuelve hermana gemela del discurso de los capitalistas en prohibir organizaciones de clase y mejor si no existen partidos políticos revolucionarios (pues el infantil Salazar los coloca a todos por igual). Salazar se vuelve anarquista para resarcir sus “pecados leninistas” y colocarse en la naturalidad casi por esencia del pueblo mestizo sin representación política. El topo es aplastado por la rueda de la historia contra la edad de piedra.

Estrategia con acción es sólo un voladero de luces, para lo cual, Salazar (re)construye métodos de acción constantemente híbridos, ya sea por experiencias históricas previas como por sutil barniz “rebelde o subversivo” anti-sistémico. La base de la acción salazariana en las Asambleas Locales o Comunales tiene que regirse por binomios unificados: “soberanía popular-poder constituyente” y “autonomía-autogestión”. Bajo los principios de la Ilustración burguesa del siglo XVIII, combinándolos con hechos históricos en Chile del siglo XIX y principios del siglo XX, Salazar desnuda posiciones reaccionarias con tal de romper con su pasado mirista. Reivindicar la figura colonial del Cabildo, las Asambleas liberales-federalistas del siglo XIX, las organizaciones mutuales y mancomunales de trabajadores, las figuras oligárquicas de los Presidentes José Manuel Balmaceda, Jorge Alessandri Rodríguez, Eduardo Frei Montalva y el socialista Salvador Allende, reniegan de la propia historia del movimiento obrero y popular chileno. El maestro Salazar ajusta cuentas con su pasado de forma oportunista y ultimatista para borrar cualquier memoria de la izquierda marxista, renovándose en una amalgama anarco-autonomista. Propia de su evolución (¿o involución?), Salazar nos señala en temas concretos, todo el ciudadano-pueblo mestizo (porque no existe clase) tiene soberanía en sí, es capaz de conversar, discutir y proponer, ya sea en forma individual o colectiva y, además, esa sola acción la convierte en poder constituyente porque se reúne, convoca a asambleas y toma decisiones por fuera o contra el régimen democrático establecido.

Al respecto, todo lo anterior es políticamente correcto en el sentido liberal, mas histórica y praxis, toda política puritana, principista e idealista es desfigurada por la realidad de la lucha de clases. El análisis concreto de la situación concreta es el garante de las experiencias cotidianas de las diversas luchas del día a día. Luego del fin del socialismo “real” (Unión Soviética), gran parte de la izquierda, ya sea reformista o revolucionaria, abandonó la lucha por la revolución socialista, pasaron de las trincheras a los palacios de gobierno, a administrar los negocios de los capitalistas. Válida para todos los gobiernos “populares o progresistas” del siglo XXI. Otros, se reconvirtieron en militantes de movimientos sociales u ONG’s, utilizando sus experiencias previas marxistas para condicionar el horizonte de expectativas de las nuevas generaciones, pero bajo barniz anarco-autonomista.

Así, para la naciente revolución chilena, Salazar nos señala como trabajadores: no se afilien a partidos políticos, rechácenlos a todos, incluso los que se arrojen el título de “revolucionarios”; practique soberanía popular desde su territorio, sin saber cómo imponer mejores condiciones de vida, ese poder constituyente se hará realidad. Todos los conceptos de auto apuntan en ello; autoeducación, autogestión, autonomía, porque el ciudadano-pueblo mestizo no es una masa-rebaño peticionista sino constituyente por sí. Como toda verdad a medias, termina en falsedades, toda lucha política –idealmente- parte desde abajo, desde las bases, mas ¿siempre es así o constituye una norma estática, rígida y principista? El mejor acero no es el que quiebra sino el que se dobla.

¿Por qué señalamos este último? Desde la década del 90 del siglo XX, pero acentuando durante los inicios del siglo XXI, empezó a adquirirse con fuerza el “nuevo verbo” que prometía la redención o solución a los problemas de nuestra vida cotidiana. No era necesario luchar por el socialismo y la revolución, eso demostró ser un fracaso, era imposible por la corrupción humana, ahora correspondía luchar “desde abajo” por “Aquí y ahora”. No mañana, hoy. Como discípulos budistas, gran parte de quienes sostienen esta praxis son ex izquiedistas, algunos de pasado reformista o militaristas (MIR), todos en esencia stalinistas. Sin reconocerse como tal, pasaron del “reformismo por arriba” a enarbolar la praxis desde abajo: si no se puede luchar contra los de arriba, es decir, construya la nueva sociedad ahora. No espere ni haga tal de luchar por la revolución. Todo esto tiene que ver con aquella vieja izquierda histórica stalinista que privilegió la administración y participación en el Estado, lo cual generó una antítesis anti-estatista. Podría pensarse que pasaron del oportunismo reformista a un revolucionarismo de nuevo tipo.

Mas la línea divisoria tiene que ver con la unión entre praxis y estrategia. Toda praxis “auto” es un proyecto de conciliación de clases pro-capitalista porque se diluye en la coexistencia pacífica con el Estado y el capitalismo, administrando las áreas que el neoliberalismo quiere dejar de administrar para así elevar las propias ganancias de los capitalistas. Educación, salud, vivienda, trabajo (el discurso del emprendimiento), alimentación, etc., se construyen en garantes de la inviabilidad de la revolución por esta “nueva izquierda”, por medio del desgaje de migajas del Estado por presupuestos participativos; financiamiento internacional o nacional de ONG’s, Universidades, organizaciones caritativas y piedad religiosa; nuevas burocracias intelectuales, formadoras de militantes sociales anti-revolucionarios. Algunos ejemplos son: dentro del movimiento de pobladores, es práctica común administrar los recursos otorgados por el Estado, municipio o proyectos sociales-comunitarios, cuya dirección otorga mayores beneficios en cuotas de puntaje habitacional, para obtener la vivienda propia, a quienes participen sí o sí de las asambleas del “movimiento social”. El derecho básico e inalienable a la vivienda propia sin condición política se vuelve clientelista y aparatista en estas burocracias poblacionales, limitando el acceso a la vivienda a quienes no concuerden con sus políticas de autogestión. Otro ejemplo, escuela autogestionada, de por sí precarizada por la Municipalidades, se entiende “recuperada del Estado” bajo un proyecto educativo popular entre trabajadores de la educación, estudiantes y padres. Se plantea elección de directivos, nuevo currículum educativo social-histórico y práctica de pedagogía popular, asambleas resolutivas con derechos de participación amplia, etc., más cómo se financia o administra una escuela quitada de las manos del Estado y el capitalismo…con presupuestos participativos del propio Estado capitalista, una ONG popular o financiamiento propio. El “aquí y ahora” se vuelve una estrechez oportunista y caudillista porque se administra como autogestión capitalista, al no considerar la expropiación de la educación privada y el control estatal, laico, pluralista y no sexista de la educación en general. Otro ejemplo: en alimentación, para algunos construir su “alimentación propia” es símbolo anticapitalista, pero ¿dónde deben ir a comprar los productos que NO pueden tener? Supermercados, mercados o ferias… y para otros, la feria (en sí) es popular porque asiste el pueblo. Feria regida por las relaciones de producción capitalistas, siendo su último eslabón, que no dudarán de subir los precios de los alimentos base sustentar su pequeño comercio. Expropiar, nacionalizar y socializar la tierra y los mercados de alimentación son medidas anti-capitalistas en camino al socialismo.

El poder y el ejercicio de éste es fundamental en la estrategia revolucionaria y se enfrenta a las diversas alternativas, propuestas o soluciones a la crisis en esta revolución chilena. Si el régimen político chileno está podrido y corrompido, cómo es posible articular eclécticamente Cabildos, Asambleas Comunales, Movimientos Sociales con la Municipalidad, el órgano máximo del poder constituyente según Salazar. Moros, cristianos y conversos quedan contentos con dicha propuesta, en un movimiento de tijeras, Salazar, desde una crítica verbalista radical nuevamente gira al oportunismo, pues uno de los bastiones del régimen democrático-burgués es la Municipalidad. A grueso modo, el ciudadano-pueblo mestizo debe controlar el Municipio, a través del voto individual eligiendo dos Alcaldes rotativos que durarán 6 años sin reelección. El cierre de las tijeras cercena la acción de las/los revolucionarios para entregar la lucha al régimen capitalista.

Es sintomática la involución salazariana, desde una crítica antipartidista anarco-autonomista contra el Estado y régimen oligárquico (CPC) pasa a sustentarse en una de las estructuras del mismo Estado capitalista. El “maestro” que ayer llamaba a los movimientos sociales a imponer sus propios proyectos históricos (políticos), hoy no son más que abscesos de la estrategia comunal, pues las acciones están limitadas al control del Estado que tengan los capitalistas. El discurso principista anti-estatista deja en manos de los enemigos de la revolución el control de todo el aparato legislativo-judicial y coercitivo de la represión. Consecuentemente, todo el modelo social-político de Salazar se basa en una “democratización del Estado capitalista” por medio de reformas por presión social-popular (el topo de la historia), asociadas a mantener las estructuras del régimen (Presidencia de la República en forma de triunvirato colegiado, Intendencias, diputados [las asambleas comunales], Senado [asamblea nacional de comunas], Contraloría General de la República y Jurado Ciudadano o Plebiscito popular como órgano judicial, acompañado por una Corte Suprema para temas de orden y control civil).

La lógica salazariana, en base a qué milagro, el topo de la historia roerá el sistema capitalista y la ceguedad e inmovilidad de éstos, para de un momento a otro estar ejerciendo poder constituyente. Sí la CPC y los militares se dan cuenta, vendrá la represión, para eso, la propuesta salazariana levanta una reivindicación democrática parcial, el derecho a reunión en asambleas militares y partícipes en las Asambleas comunales. Políticamente estéril e insuficiente, pues el llamado a organización democrática carece de distinción de entre oficialidad del Alto mando, joven oficialidad, suboficiales, clase y tropa; escuela única de formación militar; derecho a estudios universitarios para todos; libertad de pensamiento, debate y acción; elección de todos los mandos jerárquicos con derecho o voto individual, entre otrosiii. El surgimiento de la “primera línea” en la revolución chilena es invisibilizada en el texto, demostrando una normativa idealista en su propuesta, pues los fenómenos reales obstaculizan la estrategia intrasistema. La primera línea puede ser (hipotéticamente) la base de milicias populares e incluso la reorganización de un Ejército en base a combatientes anticapitalistas si soldados y tropas dieran vuelta su fusil hacia la oficialidad del alto mando.

¿Y cómo financiamos el nuevo proyecto comunalista? aquí Salazar continua su verbo para “moros y cristianos”, “izquierdistas y demócratas”, al buscar un capitalismo bajo criterios normativos-liberales (respeto a la propiedad privada capitalista, pero bajo fiscalización y control rígido de asambleas comunales que impidan la capitalización de lucro y ganancia sobredimensionada) con nacionalizaciones estratégicas en los recursos naturales (cobre, litio, yodo, agua) y la intervención en las AFP’s e ISAPRES, ya sea estatal o comunal como trinomio entre capital privado y trabajadores cotizantes como el viejo mutualismo chileno (con derecho incluso a ser accionista) para fiscalizar, administrar y participar en la gestión. Salud y educación públicas (conviviendo con las privadas); participación pública in extenso (clases, naciones e identidades) de todos los ciudadanos; un “latinoamericanismo” difuso, en base a las migraciones y un indeterminado “internacionalismo económico-pragmático” del mercado mundial. El imperialismo no existe, pues es un concepto leninista, viejo, caduco, no realista al mundo actual, su estrategia.

En síntesis, es la “función solidaria del Estado”, según Salazar, que no debe cumplir funciones ideológicas sino pragmáticas, realistas, así, lo realista sería una conciliación de clases encubierta y el respeto a la propiedad capitalista en los medios de producción, distribución y cambio, una humanización del capitalismo bajo criterios neorreformistas, un reformismo sin reformas. Coherente con la “renovación socialista”, como hija natural del posmodernismo, Salazar cumple la función de la “ideología de la desideologización”, es decir, que la clase trabajadora y popular no piense, sueñe, practique y luche por ideas que escapen de su control, ya sea por comprensión intelectual o porque no son viables en la realidad: la revolución socialista en Chile y el mundo. El abstencionismo del control del Estado, como parte de la dictadura del proletariado, es criminal para no detener a los capitalistas y sus mercenarios policiales-militares, concretamente: nacionalización de toda la economía, monopolio comercio interior y exterior y planificación centralizada de la economía. Las ilusiones de Salazar en convertir al Estado hipercentralizado chileno en un Estado Federativo-comunalista sin expropiar a la burguesía y oligarquías descansan en el viejo sueño de Estado de bienestar tardío (un Estado socialista es impensado, imposible y rechazado), que como investigador sabe que es imposible. El Estado chileno y la CPC han estado unidos intrínsecamente desde su nacimiento, por más revoluciones, rebelión y mitines liberales del siglo XIX, jamás han renunciado “progresiva, soterrada ni subterfugiamente” al poder del ciudadano-pueblo mestizo.

La “tercera vía chilena” y conclusiones finales

Durante el siglo XX se popularizaron las “Vías de desarrollo” o modelos socioeconómico-políticos para el bienestar general de la población, donde la primera vía fue el capitalismo y la segundo el socialismo “real”, ejemplo de ello fue Allende y la UP con su “vía chilena al socialismo”, que se postulaba como una tercera variante que escapaba de la Guerra Fría. La experiencia demostró su inviabilidad. La década de los 90’, luego de la caída de la Unión Soviética y la desaparición del comunismo, vio emerger un nuevo proyecto, la “tercera vía” bajo un neoliberalismo regulado, lo que se llamó “economía social de mercado”, un capitalismo subsidiario, fiscalizador pero nunca contra la propiedad privada de las burguesías y oligarquías.

Si bien Salazar escapa de esta lógica de análisis (coherentemente) nos desliza la posibilidad de un tercer experimento político en Chile, luego del “nacionalismo desarrollista (1964-1973)” y del neoliberalismo (1973-2001), ambas expresiones capitalistas, no muy consideradas en sus posturas políticas. El tercer modelo de desarrollo sería una “transición experimental” iniciada el 2001, prominentemente política a partir de la praxis de los movimientos sociales bajo los preceptos de autonomismo, autogestión, poder constituyente y asambleas locales-territoriales, pues está planteada la posibilidad de sustituir a la CPC, transformar el modelo de desarrollo y ejercer la soberanía constituyente real. La crisis de representatividad y legitimidad del sistema político, unido a la crisis social post estallidos social (abusos, injusticias, corrupciones, alzas, represión) forman parte del núcleo de dicha tercera experiencia transicional, ¿Hacia dónde?

Concretamente, ¿Cómo la praxis anarco-autonomista puede construir una nueva sociedad sin revolucionar la formación social chilena? Pensando en el optimismo de éstos, pasito a pasito, suave y suavecito (con algunas tendencias combativas pero de misma estrategia) llegarían a la redención del nuevo verbo sin molestar al Estado, el capitalismo y, por último, al garante de su orden: las Fuerzas Armadas. El viejo reformismo del siglo XX nos señalaba que por medio de una lucha pacífica y parlamentaría se llegaba al socialismo, el neorreformismo nos señala que no debemos luchar por el socialismo, ni la revolución, ni contra el Estado ni las FFAA, sino humanizar el capitalismo sin reformas, sólo a través de la acción desde abajo, esperando que dicho hecho por sí solo sea “cambiar el mundo sin tomar el poder”. Porque el (micro)poder habita en cada uno de nosotros, a partir de presupuestos participativos, caridad de ONG’s y/o autofinanciamiento popular, pero que no entrelazan tareas histórico-políticas indisolubles, reivindicaciones democráticas y el fin de capitalismo para el bienestar, satisfacción y felicidad del conjunto del pueblo chileno y en particular de la clase trabajadora y popular.

A decir verdad, el texto de Salazar no es nada nuevo ni siquiera en su evolución desde el mirismo al anarco-autonomismo, por el contrario, se enmarca en una “revolución democrática liberal-radical y anti-socialista”, una expresión stalinista y nacionalista, un “salazarismo en un solo país”. El topo de la historia de Salazar y su ciencia histórica-popular son elevados a categoría de supraempiria, donde el desarrollo desigual y combinado entre la crisis social-política del capitalismo neoliberal, el democratismo en la clase trabajadora y popular, la asociatividad coordinadora de las asambleas, el clientelismo de los Cabildos pro-Municipalidades, la represión de Carabineros, la pasmosidad y derrota del Ejército de Chile en las calles, la primera línea como organización premiliciana, la toma de Plaza Dignidad como “la frontera de clase”, la inclusión política de las barras de fútbol, el rol de las burocracias sindicales y políticas ausentes en coordinar y representar a la clase trabajadora, la indecisión de los “nuevos movimientos sociales”, salvo excepciones, entre otras, son aprisionadas en la teoría salazariana no en base a la realidad actual sino a la procesual de su proyecto político. El topo anarco-autonomista es el tranco neorreformista del pueblo mestizo chileno.

La historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como farsa, señalaba Marx, y en este caso particular, la revolución chilena nuevamente es llevada por los caminos de la vieja izquierda camuflada de “nueva izquierda”. Los que ayer levantaban las banderas del socialismo, hoy, renovados “desde abajo”, se desnudan como consejero del Rey: cambiar el mundo sin tomar el poder. El devenir está abierto y en esa dinámica, las ideas de la revolución son actualizadas día a día, con ritmos de estudio, balance, proyecciones de esta lucha. Retroceder un paso, avanzar dos: viviremos, volveremos y venceremos.

  • i Ver Gabriel Salazar. Los caminos del pueblo. Reflexiones de prisión y exilio sobre política revolucionaria en Chile. 1976-1984. Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2017. Especialmente páginas 511 a 933.
  • ii Ver G. Salazar. Movimientos Sociales en Chile. Trayectoria histórica y proyección política. Santiago de Chile, Uqbar Editores, 2012 y G. Salazar. Dolencias históricas de la memoria ciudadana (Chile, 1810-2010), Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2012.
  • iii Esta última línea, parcialmente y limitada al carácter del proyecto político comunalista, se puede ver en G. Salazar. El Ejército de Chile y la soberanía popular. Ensayo histórico. Santiago de Chile, Debate, 2019.

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