por David Espinosa

La reforma constitucional1 que dio origen a la actual Convención Constitucional establece que:

La Convención deberá aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio. La Convención no podrá alterar los quórum ni procedimientos para su funcionamiento y para la adopción de acuerdos.”

Desde la firma del Acuerdo por la Paz esta ha sido una de las reglas más polémicas establecidas para el Proceso Constituyente.

Pero, ¿qué tanta importancia tiene este debate para los trabajadores, trabajadoras y la juventud? Si salimos a las calles pidiendo salud, educación, mejores pensiones, ¿por qué la discusión del quórum en la Convención es importante?

Bueno, aquí vamos a responder a esas preguntas.

¿Qué es un quórum?

Muchas personas se preguntan: ¿qué es un quórum? Un quórum es la cantidad mínima de personas necesarias para que un determinado colectivo o institución tome decisiones. Los “quórum” existen en muchos espacios colectivos deliberantes, como sindicatos, asambleas, directorios de empresas, en el Senado, Cámara, etc.

En el caso de la Convención Constitucional, ésta es compuesta por un total de 155 convencionales constituyentes. Establecer un quórum significa decidir con cuántos convencionales se podrían aprobar las resoluciones que serán discutidas.

Pues bien, para la actual Convención, el Congreso aprobó que las normas (lo que va a ser votado para la nueva Constitución) y el reglamento para sus votaciones deben ser aprobados por ⅔ de los miembros de la Convención. Si hacemos las cuentas, veremos que ⅔ son 66% o 103 convencionales. Además de eso, el Congreso determinó que la Convención no podrá cambiar esta regla.

Aquí hay dos cuestiones en discusión. La primera es: ¿tiene el Congreso actual la potestad de establecer un quórum para la Convención Constitucional? La segunda cuestión es: ¿por qué debe ser un quórum de ⅔?

Congreso y Convención Constitucional

En el Plebiscito de octubre del año pasado, el 78% votó por cambiar la Constitución actual, ya que ésta representa todo lo que no queremos más. Por eso, la Convención Constitucional, que va a escribir la próxima Constitución, debería tener autonomía para hacerlo, justamente porque la antigua Constitución ya no tiene legitimidad y fue rechazada por la amplia mayoría de la población.2La Constitución es la Ley más importante de una nación. No hay ninguna Ley por encima de ésta, por tanto, no debería haber ninguna limitación previa a la elaboración de una Constitución y al órgano que la redacte.

Sin embargo, esto no pasa con la actual Convención Constitucional. Si la Convención quiere cambiar su quórum (u otras reglas establecidas por la reforma constitucional) no lo puede hacer, ya que eso tendría que pasar por el Congreso, según la actual Constitución. Así, vemos que la nueva Constitución, si no rompe con esas trabas, va a nacer rehén de la Constitución actual.

El quórum de los ⅔

La discusión todavía es muy abstracta. Pero, supongamos que tenemos razón y la nueva Constitución no puede estar sometida a la anterior, entonces la Convención debería poder votar su propio quórum. Aun así, ¿por qué un quórum de ⅔ es malo?

Imaginemos una votación en la Convención, por ejemplo sobre el derecho a la previsión social. Imaginemos que se va a votar si en la Nueva Constitución debe o no seguir existiendo las AFPs. Supongamos que en esa votación la mayoría de los convencionales, 100, por ejemplo, están a favor de acabar con las AFPs. Sin embargo, hay 55 convencionales que no están a favor y quieren que sigan las AFPs. Con el quórum de ⅔ esa medida no sería aprobada, aunque haya 100 votos de convencionales para acabar con las AFPs. De forma práctica, este es el sentido de ese quórum: dar más poder a la minoría que a la mayoría. Por donde se mire, esta medida es antidemocrática.

Hace algunos días una de las subcomisiones de la Convención votó sobre este tema. En la votación ganó mantener el quórum de ⅔. Votaron a favor de ese quórum la derecha, el PS y el Frente Amplio. Sin dudas, esta fue una derrota para los que deseamos una Nueva Constitución con cambios reales. Pero la pelea todavía no termina, ya que la votación ahora debe ir al pleno de la Convención, y allí votan todos los convencionales. Quienes votaron en contra de los ⅔ en la subcomisión (PC, independientes y una convencional de pueblos originarios) defendieron otra propuesta, un quórum de 4/7. Haciendo las cuentas, descubrimos que 4/7 de 155 diputados son 88 diputados. Uno podría pensar: pucha, el mecanismo es más democrático. Sin embargo, el problema permanece. Imaginemos el mismo caso de la previsión. Pero ahora, con un quórum de 4/7, 87 convencionales votan por acabar con las AFPs y los otros 68 votan en contra. No se acabaría con las AFPs por una decisión de minoría.

Entonces, la única conclusión que podemos tener (y la más obvia) es que la democracia se basa en la decisión de la mayoría sobre la minoría. Si es una decisión de minoría, no podemos hablar de una democracia. Por eso, lo más democrático es que las decisiones sean tomadas por mayoría simple, o sea, 50+1% de los votantes, como sucede en cualquier asamblea de trabajadores.

¿Cuáles argumentos dan los que defienden los ⅔?

Los juristas, partidos y convencionales que defienden el quórum de ⅔ (u otros quórum mayores a 50 + 1%) argumentan que la Constitución debe ser un gran acuerdo nacional, o sea, debe incluir a todas las personas de una nación. Por eso, es importante privilegiar el diálogo y el acuerdo por encima de decisiones posiblemente arbitrarias de una mayoría contra las minorías.

Así, la idea fundamental del quórum de ⅔ es obligar a los convencionales a buscar acuerdos, a negociar y dialogar entre ellos. Buscar propuestas más o menos consensuadas para que no haya riesgo de que algún sector minoritario sea aplastado por la mayoría.

Y aquí viene el segundo problema. Los acuerdos benefician siempre a los que tienen el poder de establecer las condiciones del acuerdo.

Supongamos que estamos en la misma votación sobre las AFPs y tenemos el quórum de ⅔. Hay 100 diputados a favor de acabar con las AFPs y 55 en contra. Para llegar al quórum de ⅔ y acabar con las AFPs se necesitan 103 votos. O sea, los 100 diputados que están a favor tienen que negociar para ganar 3 votos más para su propuesta. Pero supongamos que no hay otros 3 que quieran acabar con las AFPs por distintos argumentos (eso va a generar la catástrofe económica; los inversionistas van a salir del país; las pensiones van a empeorar, etc.). Así, los 100 tendrían que negociar con 3 para ver si llegan a un acuerdo. Luego, los 3 pueden poner sus condiciones, por ejemplo: no acabar con las AFPs pero permitir que las personas, después de cierta edad, puedan retirar 50% de sus fondos (esto es un ejemplo hipotético). Así, los 3 votos en disputa son los que imponen las condiciones del acuerdo a los otros 100. A alguien le parece justo que 3 (o 10, o 15) convencionales puedan establecer las bases de un “acuerdo” como ese? Con un quórum de ⅔ siempre van a prevalecer los términos de los acuerdos determinados por la minoría. Si los 3 convencionales dicen: “no vamos a aceptar el fin de las AFPs. Si ustedes no aceptan nuestro acuerdo, no se cambia nada”; bueno, no se acaban las AFPs. Por otro lado, los 100 convencionales siempre van a ser obligados a votar propuestas que no son las suyas, ya que van a tener que negociar peores acuerdos ¡aunque sean mayoría!

Veamos la cosa en la realidad

Nuestra exposición hasta ahora ha sido casi matemática o lógica. Sin embargo, la realidad es más compleja y viva que los cálculos matemáticos.

Volvamos a los acuerdos. Podríamos pensar que eso de privilegiar los acuerdos para no aplastar a la minoría es una buena idea, ¿cierto? Sí, es verdad. Por ejemplo, imaginemos que la mayoría de los convencionales, que son chilenos, deciden por mayoría no reconocer los derechos de la nación mapuche. Esto sería absolutamente terrible. Pero ello podría pasar incluso en la actual Convención y con el quórum de ⅔, ya que los convencionales mapuche y de otros pueblos originarios son menos de ⅓ de la Convención.

Obviamente la realidad actual no es así, ya que las demandas de los pueblos originarios tienen una enorme simpatía entre la población chilena e incluso entre los convencionales.

Entonces, ¿de cuál minoría estamos hablando?

Quienes hoy reclaman sus “derechos” de minoría en la Convención son los dueños del país, los que tienen el poder político, el control de las empresas, los medios de comunicación, las universidades, los partidos políticos, las Fuerzas Armadas, etc. Son minoría en la Convención y en la sociedad, pero su poder va mucho más allá de los convencionales que los representan o de su peso numérico en la población.

Las relaciones sociales reales no son democráticas y siempre han favorecido a esa poderosa minoría. Tomemos solamente el ejemplo de la propia Convención Constitucional.

En la campaña electoral para la Convención hubo candidatos que recibieron más de 100 millones de pesos para sus campañas, otros que recibieron 300 mil pesos. Hubo candidatos que aparecieron varias veces en los principales canales de televisión y otros que nunca aparecieron. Hubo candidatos que utilizaron el aparato de las alcaldías, concejalías y diputaciones para hacer sus campañas, otros que las hicieron con sus vecinos y familiares. Hubo candidatos que fueron en cupos de partidos establecidos (y legalizados de forma fraudulenta) y no tuvieron que juntar ninguna firma y otros que tuvieron que juntar miles de firmas en pocas semanas.

O sea, por donde se mire, la igualdad de condiciones no existió durante la campaña, es decir no existió democracia. Y aun así, muchos independientes sin ningún aparato lograron enfrentar el enorme poder político y económico de unos pocos y fueron elegidos. Esto se debió al enorme apoyo del pueblo en los patrocinios, campañas y votaciones.

Pero eso no fue así solo en la campaña. La falta de democracia también existe al interior de la Convención. Los partidos que reciben dinero y asesorías del gran empresariado, como la derecha, Partido Socialista, DC, PPD, etc., y los partidos que ya tienen grandes aparatos debido a los sueldos y asignaciones millonarias que ganan en el Congreso, como el Frente Amplio y el Partido Comunista, tienen condiciones muy superiores a los independientes para la disputa política. En primer lugar, tienen grandes centros de estudios que los apoyan, con decenas o cientos de profesionales pagados para estudiar y elaborar propuestas. Tienen acceso a medios de comunicación de masas y a una enorme cantidad de asesores técnicos y políticos. Cuando los independientes recién están entendiendo cómo funciona la Convención y cuáles son los temas en discusión, los partidos políticos ya tienen propuestas completas sobre todos los temas y se están paseando por los pasillos disputando los votos de los menos preparados. Así, los independientes muchas veces terminan siendo blanco fácil para los partidos políticos, sea de derecha o supuestamente de izquierda.

Ahora, dicho todo eso, lo más sorprendente es que algunos de esos sectores, que ya tienen muchos privilegios y ríos de dinero, quieren tener un privilegio más! Quieren tener el derecho de establecer un quórum que les permita vetar cualquier cambio que decida la mayoría! Es mucha cara de raja, como diríamos en buen chileno.

La derecha y la ex Concertación, que defienden el quórum de los ⅔, lo defienden para mantener sus privilegios y de sus patrones, los que financian sus campañas y pagan sus asesores. Quieren evitar que la mayoría realice cambios que “perjudique” a los grandes millonarios. Pero “perjudicar” a esa minoría no significaría hacerlos ir a vivir en campamentos, significaría despojarlos de las empresas que les fueron regaladas por la dictadura y les permiten tener enormes fortunas.

Por otro lado, el Frente Amplio, que ha sido la bisagra de las votaciones en la Convención, busca negociar con los partidos de los grandes empresarios para demostrarles que ellos pueden estar tranquilos. Si Boric gana las elecciones y el Frente Amplio logra mayor peso en el Parlamento, los empresarios no verán amenazados sus negocios. Si bien muchos convencionales o diputados del Frente Amplio tienen potentes discursos contra la explotación, la opresión, las mineras, en defensa del medioambiente, etc, sólo pretenden negociar y dialogar con el gran empresariado. El mejor ejemplo es Boric. Tras haber firmado el Acuerdo que salvó a Piñera, hoy tiene a Diego Pardow como uno de sus principales asesores económicos. Pardow trabaja para Espacio Público, un centro de estudios financiado por BHP Billiton, la mayor minera extranjera que saquea nuestro país, y la embajada de Estados Unidos!3 El Frente Amplio se prepara para ser la nueva Democracia Cristiana y está intentando demostrar al gran empresariado que puede ser su mejor aliado, con una cara joven y de izquierda.

Otro es el caso del Partido Comunista, posicionado contra el quórum de 2/3 y que ha votado muchas propuestas con los convencionales independientes de izquierda y de pueblos originarios. Sin embargo, nos preguntamos: ¿por qué, si demuestran diferencias en temas tan relevantes como el quórum, siguen aliados al Frente Amplio en las elecciones parlamentarias y presidenciales? Si son críticos al proyecto del Frente Amplio de negociación permanente con la derecha y la ex Concertación, ¿por qué no rompen las relaciones de alianza con ese partido? Aparentemente el Partido Comunista no sacó las lecciones históricas de su política hacia la Democracia Cristiana. Durante el gobierno de Allende, la política permanente del PC y la UP de buscar negociar con la DC, llevó el proceso revolucionario a la derrota y abrió camino a los militares. Luego del golpe, la política del PC siguió siendo buscar acuerdos con la DC para sacar a Pinochet, lo que no les resultó porque la DC estaba más interesada en pactar con la dictadura que asociarse al Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Hoy, el PC repite su política, pero ahora con la DC 2.0, el Frente Amplio. Ya podemos imaginar cómo va a terminar la historia, en un gobierno de conciliación con los dueños del país.

Entonces, qué hacemos?

Nosotros creemos que la batalla del quórum todavía no está perdida. Creemos que el quórum de ⅔ no tiene el respaldo de la mayoría de la población. A pesar de ello, sabemos que para muchos trabajadores y trabajadoras esta discusión suena abstracta y ajena. Aquí explicamos cómo se relaciona el tema del quórum con la soberanía de la Convención, la defensa de los derechos de los trabajadores y las demandas del pueblo.

Entonces, nuestra primera tarea es aclarar al pueblo qué es lo que está en juego. Los convencionales que están en contra del quórum de ⅔ tienen una tarea fundamental: utilizar su tribuna para explicar que ese quórum es totalmente antidemocrático y da más poder a los sectores más privilegiados, que responden al gran empresariado del país. En segundo lugar, es fundamental que esos convencionales convoquen los trabajadores/as, pobladores/as y la juventud a rechazar ese quórum y demás medidas antidemocráticas del Acuerdo por la Paz. Cuando se publicó el Manifiesto de la Vocería de los Pueblos con 6 garantías democráticas para el Proceso Constituyente, más de 600 organizaciones sociales lo respaldaron con su firma. ¿Por qué no convocamos a un gran encuentro de todas esas organizaciones y las demás organizaciones que se quieran sumar para luchar contra esas medidas antidemocráticas? Debemos confiar en la fuerza de los que conquistaron este Proceso Constituyente, la fuerza de la juventud, la clase obrera, las mujeres, los pueblos originarios. ¡Dejemos las negociaciones parlamentarias y pasemos a las calles!

1 El Acuerdo por la Paz, firmado el 15 de noviembre de 2019, dio origen a la Ley 21.200, que hizo una reforma a la Constitución para permitir el inicio del Proceso Constituyente. < Capítulo XV: Reforma de la Constitución y del Procedimiento para Elaborar una Nueva Constitución de la República – Senado – República de Chile >.

2 La Constitución de 80, reformada en democracia, es una camisa de fuerza jurídica contra los cambios sociales. Eso no es una casualidad. Su propio ideólogo, Jaime Guzmán, lo reconoció: “Es decir, que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque el margen de alternativa que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella, sea lo suficientemente reducido para hacer extremadamente difícil lo contrario” Ver <Los candados a la democracia de la Constitución de 1980 – Universidad de Chile (uchile.cl)>. Estos mismos mecanismos antidemocráticos que existen para entrampar cualquier cambio ahora están siendo reproducidos en la actual Convención Constitucional.

3 Transparencia y financiamiento – Espacio Público (espaciopublico.cl)

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