¡Corriente y comida! Así se lanzaron a las calles los habitantes de Santiago de Cuba, Bayamo, Artemisa, el pasado 17 de marzo, repitiendo la dosis el día siguiente.

Por: Helena Náhuatl

La situación en Cuba ha empeorado enormemente desde el 11J, fecha en que ocurrieron las mayores protestas en los últimos 30 años en la isla (la anterior había sido el Maleconazo en 1994).

Hace casi tres años, Cuba vivía bajo la Tarea del Ordenamiento, una reforma económica y monetaria que llevó a resultados cada vez más nefastos en la isla, donde la moneda fue devaluada un 1.000% desde 2021 y, hoy, un cartón de 30 huevos vale más que el sueldo mensual estatal mínimo.

Pero, aun así, con todas las motivaciones para el estallido, respaldado por la rabia y el “ya basta” de la población, el presidente Díaz-Canel, frente a las imágenes de diversos habitantes de la isla, que le llegaron directamente de las localidades donde hubo manifestaciones, dijo que las manifestaciones son “mentiras, videos falsos y construcciones” donde se muestra la “perversidad” y el “desprecio del gobierno de Estados Unidos”.

La realidad cubana, por el contrario, muestra algo muy distinto. La indignación y la rabia vistas en las calles da cuenta de la desesperación y el cansancio de un pueblo que vive desde hace mucho días enteros sin corriente eléctrica, sin comida, y sin perspectivas de cambio. Y que tampoco aguanta más discursos vacíos de soluciones por parte del gobierno, y grita a coro a sus representantes: “¡No queremos muela!”.

Además, el mismo gobierno, en febrero de este mismo año, pidió ayuda al Programa Mundial de Alimentos, reconociendo su incapacidad de proveer leche a los niños menores de 7 años, lo que es reglamentado en la libreta de abastecimiento (raciones mensuales con subvención del gobierno).

La situación agónica de Cuba, que está en una gran crisis económica pero que no deja de invertir la mayor parte de su PIB en el sector turístico, se expresa en la población, además de la falta de comida. Los ingresos son mínimos frente a una moneda devaluada cada día, y a eso le siguen los problemas de transporte, el combustible, y una crisis profunda en sectores siempre muy aclamados fuera de la isla, como salud, educación y seguridad social.

Como resultado, el éxodo de personas hacia otros países, aprovechándose del viaje sin visa a Nicaragua (lo que muy pocos países del mundo ofrecen a los cubanos), es el mayor en la historia del país, y representa 4,8% de la población. A EE.UU. llegaron más de 500.000 personas venidas de Cuba entre 2022 y 2023. Quien puede, se escapa, para tener la posibilidad de vivir con alguna dignidad y perspectiva.

En 2024, al contrario de 2021, la respuesta inicial del gobierno fue dar comida a los manifestantes y intentar enviar a sus representantes a las localidades, sin mucho suceso en el convencimiento, aunque cesaron las protestas.

Al final, como dijimos arriba, todo se convirtió nuevamente en una acusación sobre una fantasiosa intervención imperialista de EE.UU., como si los cubanos no pudieran tomar las calles por sus propias cabezas y desde lo hondo de sus estómagos vacíos y su sangre caliente.

La represión como práctica sistemática

La crisis de hoy refleja los vientos de 2021, no resueltos y tampoco olvidados. Aunque todos sepan que la represión es profunda para cualquiera que se manifieste en la isla.

Desde el 11J de 2021, el gobierno cubano encarceló a más de 1.000 personas y unas 500 siguen detenidas con condenas de entre 5 y 25 años por participar de las protestas.

Aunque eso por sí mismo ya sea aplastante, el régimen represivo de Cuba va mucho más allá de la cárcel en días de protesta. La Seguridad del Estado, una policía política que persigue a cualquiera que ve como sospechoso, secuestra activistas a la luz del día, interroga sin derecho a defenderse, y los amenaza con cárcel, destierro, o con que nunca podrán salir del país. La propia SE acompaña cotidianamente adonde van y con quienes están las personas, haciendo de sus vidas verdaderas cárceles, incluso poniendo patrullas en sus puertas para que no salgan.

Eso lleva a que muchos de los detenidos o vigilados por el gobierno cubano decidan salir como pueden del país, antes que su destino sea la cárcel, como el de muchos disidentes. Hay entre ellos muchos intelectuales, periodistas, artistas, y parte de los que piden libertades democráticas en el período reciente.

¿Qué Cuba quieren los cubanos?

Los cubanos viven una realidad de extremada falta de perspectivas, sean estas económicas, laborales, políticas, o de cambios que puedan traer dignidad a sus vidas.

Al contrario de lo que hace resonar una izquierda latinoamericana que busca tapar ojos y oídos a la realidad, Cuba pasa por una situación de miseria creciente, y va camino a postularse uno de los países con población más empobrecida y mayor desigualdad social de Sudamérica, así como uno de los países con menores libertades democráticas.

No hay comida ni libertades, y tampoco socialismo

Cuba, hace mucho restauró completamente el capitalismo en la isla, manteniendo un partido único y una dictadura atroz, que persigue y ahoga cualquier disidencia.

Las empresas estatales fueron siendo entregadas al capital extranjero, fundamentalmente del imperialismo europeo, en particular con joint ventures (empresas mixtas). Hoy, estas empresas dominan el principal sector de la economía cubana, el turismo, con multinacionales españolas como la Meliá y la Iberostar controlando los grandes hoteles y resorts para turistas de clase media europea, norteamericana y sudamericana que puedan pagar sus altos costos.

Si vas a La Habana o a Varadero, el contraste es nítido y aplastante: hoteles súper modernos en medio de una carencia básica de víveres y estructura.

Además, las empresas mixtas controlan la explotación de petróleo, hierro, níquel, cemento; la producción de jabón y perfumería; los servicios telefónicos y de lubrificantes, y la mayoría de la agroindustria.

Decir que todo es estatal se convirtió más en una anécdota colectiva para no dar explicaciones que una realidad que se puede comprobar en Cuba.

El bloqueo criminal y las retóricas del gobierno

Ser contrario al bloqueo norteamericano a Cuba no puede justificar el aplastamiento constante del pueblo cubano y sus luchas justas por derechos.

El bloqueo causó y aún causa graves perjuicios al pueblo cubano. Se trata de un ataque del más importante país imperialista del mundo contra una pequeña isla.

Nos sumamos a los que denuncian a todos los gobiernos de EE.UU., sean republicanos o demócratas, sea Trump o Biden, que hablan de “democracia” pero lo que quieren es la devolución de las propiedades confiscadas en 1959 y la colonización de la Isla. Para eso, no les importaría que Cuba fuese gobernada por otra dictadura.

Por esos motivos, nosotros luchamos hace más de cincuenta años contra ese bloqueo. De la misma forma, estuvimos del lado de Cuba contra todas las tentativas de intervención militar del imperialismo, como en el fracasado desembarque en Bahía de Cochinos.

Defender el socialismo en Cuba hoy es defender una nueva revolución social

La LIT-CI acompañó todo el proceso reciente del pueblo cubano y su lucha contra la dictadura del PC cubano.

No hay dudas para nosotros de que la rabia que lleva el pueblo cubano está cimentada en las carencias traídas por la desigualdad, la restauración del capitalismo, y la caída completa de nivel de los sectores claves de Cuba pos revolución: salud, educación, seguridad social.

Decir que Cuba se mueve por un supuesto complot imperialista y no en contra de una dictadura que explota al pueblo y que genera la gran miseria que lleva a los cubanos a las calles es tapar los ojos frente a un hecho tan transparente como palpable.

Como dijo Eduardo Almeida en su artículo “¿Adónde va Cuba?”:

En Cuba se está gestando una gran explosión contra esa dictadura burguesa y corrupta. No sabemos cuándo ni cómo se dará. Pero esa es la dinámica.

El apoyo de la izquierda proestalinista a la dictadura castrista arroja en los brazos del imperialismo la formación de alternativas democráticas en Cuba. Eso puede llevar a que la caída de la dictadura castrista termine siendo capitalizada por direcciones imperialistas, como Yeltsin en Rusia, ahora a través de la burguesía imperialista de Miami.

Nosotros proponemos lo opuesto: luchar contra la dictadura cubana como parte de una estrategia socialista y antiimperialista. Nosotros queremos una nueva revolución socialista, reestatizando las empresas privatizadas, incluso las que están en manos del imperialismo europeo, con una planificación de la economía y el control directo y real de los trabajadores. Queremos una democracia obrera en Cuba, opuesta a la dictadura estalinista, que de hecho tenga su esencia en la participación de los trabajadores en todas las decisiones fundamentales y estratégicas de la Isla.

La población cubana hoy necesita el apoyo de los sectores socialistas, progresistas y contrarios a las injusticias sociales de Latinoamérica. Ese será el mayor reconocimiento posible a la revolución más potente que ya hubo en el continente americano. Por la construcción de una sociedad justa y democrática en Cuba, a la cual verdaderamente podamos llamar socialista.

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