Teletón: La rehabilitación como bien de consumo o como garantía social del estado

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¿Queremos que la Teletón siga siendo un evento de caridad empresarial?, ¿Mantenemos a la Teletón con recursos privados o estatizamos los centros de rehabilitación bajo control de funcionarios y usuarios, con financiamiento directo del Estado?

Por Luis Alvarado

33 mil millones de pesos fue la última meta de donaciones realizada en la Teletón del año 2018. Anualmente incluso hasta la ONU, a través de su comité de derechos de personas con discapacidad se han manifestado en problematizar la lógica de la Teletòn, en cuanto a asegurar rehabilitación a través de recursos privados, concibiendo a los niños, niñas y jóvenes como sujetos de caridad y no sujetos de derecho.

En el 2020 entre el 3 y 4 de abril, este evento de colecta nacional, que nos hace reflexionar sobre si los derechos de las personas con necesidades especiales deben ser aseguradas por centros privados, y las grandes empresas, o corresponden a una responsabilidad del Estado, asegurar democráticamente el acceso irrestricto a la rehabilitación.

Para el año pasado fue postergado la Teletòn, ya que a inicios de diciembre del 2019 el país se encontraba en un proceso de crisis política, con movilizaciones nacionales que cuestionaron a las instituciones como el congreso nacional, al Gobierno de Sebastián Piñera,a los partidos políticos tradicionales, y a toda la clase empresarial, contexto que, hacia complejo por parte de los grandes empresarios, de realizar esta colecta nacional.

Cada año vemos como las grandes empresas se hacen parte de la Teletòn, no solo para limpiar la imagen de empresarios que aparecen haciendo caridad para los niños y las niñas con discapacidades físicas, sino que muestra el hacer sentido común la privatización de la rehabilitación, hacer permanente la naturalización en la población chilena, de que rehabilitarse es una opción individual y no garantía universal, normalizar que las necesidades de las personas con necesidades especiales deben ser satisfechas por medios de recursos privados.

Este 2020 la Teletòn se ha adaptado a las condiciones del contexto en plena propagación del coronavirus y crisis sanitaria, donde no impidió la realización de este evento a cargo de “Don Francisco”, en articulación con todos los canales nacionales, sus voceros, animadores, cantantes y figuras públicas, en alianza con sectores empresariales.

Este año, no hubo excepción en torno a que la Teletòn enaltece la caridad y la solidaridad privada para otorgar rehabilitaciòn, a través de una colecta nacional que permitan financiar a centros privados que atienden a aproximadamente 29 mil niños, niñas y jóvenes a lo largo de varias regiones del país.

La presencia de la Teletòn como iniciativa privada, evidencia el total abandono por parte de Estado, en base a la salud y rehabilitación de miles de personas que necesitan rehabilitarse, pero que deben depender de la caridad empresarial, donde la publicidad utiliza los crueles relatos de vida de una sociedad que no garantiza las facilidades de garantías mínimas para niños, niñas y jóvenes que necesiten rehabilitarse.

La Teletón es un evento que responde a hacer de la caridad un negocio, donde no solo contribuye a la reunión de los montos para financiar los centros privados, sino que para los grandes empresarios les es útil, ya que multiplica sus ganancias, vendiendo productos que irán en beneficios de la Teletòn, y además se acogen a la ley de donaciones eximiéndose se pagar impuestos.

Cada año que se realiza este magno evento privado, se vuelve a colocar en el centro sobre la necesidad urgente de identificar a los niños, niñas y jóvenes no como sujetos de caridad, sino como sujetos de derecho, y cada establecimiento privado de la Teletòn pase al Estado, siendo parte de la red pública de salud nacional, con el paso a planta de trabajadores a funcionarios públicos, donde la rehabilitación sea un derecho inalienable en un sistema único de salud universal, gratuito, de calidad, oportuno para todos, que sea financiado con el pago de impuestos gradual y ascendente de las fortunas de las familias más ricas de Chile, para que exista acceso oportuno a tratamiento, sin listas de esperas, asegurando traslado, equipamiento , compra y entrega fármacos en base a una ayuda profesional de calidad.

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