Polémica con el reformismo: cuando el PC coincide con la burguesía en medio de una pandemia

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El 18 de marzo en su cuenta de twitter, el presidente del partido Comunista, diputado Guillermo Teillier, escribió “Espero que con el decreto de Estado de Catástrofe se termine la improvisación y se adopten medidas claras, efectivas y a tiempo…” y a continuación publica las 7 propuestas del PC para enfrentar el coronavirus

Por Paz Ibarra

En concreto, apuntan al cierre de fronteras, campaña de educación sanitaria y vigilancia a los grupos de mayor riesgo, gratuidad en los exámenes de diagnóstico y control de precios en elementos básicos. Salvo por el cierre de fronteras, una medida extrema de fuerza sin un plan sanitario mayor que hacer cumplir, no es otra cosa que dar prioridad al orden público por sobre la salud pública.

Si el objetivo es, como dicen, impedir las aglomeraciones que son el gran mecanismo de contagio, entonces habría que exigir la libertad a los presos políticos en prisión preventiva, que ya suman más de 2.500 en todo el país, porque esos luchadores y sus familias son expuestos cruelmente al contagio. También habría que exigir del Instituto de Previsión Social un plan de contingencia para el pago de las pensiones solidarias, y así impedir que miles de adultos mayores precarizados hagan largas filas durante horas para cobrar sus pensiones. Más necesaria aún, es la paralización total de todos los procesos productivos y servicios que no son indispensables para la mantención de la población, de tal manera de hacer una cuarentena efectiva para quebrar la curva de contagio que es muy alarmante en Chile, como lo ha dicho el colegio de enfermeras y otros especialistas.

La salida del PC ha sido hasta ahora, exigir la cuarentena general por las redes sociales a través de la CUT, presentar proyectos de ley en el parlamento para evitar despidos y postergar el pago de deudas, levantan llamados para que la crisis económica no la paguen los trabajadores, sin embargo a la hora de lo concreto sólo se enfrasca en un peticionismo a la buena voluntad de los de arriba, ya que todas las medidas económicas que plantea pasan por subsidios estatales, inversiones estatales, empresas estatales, sin poner en peligro la propiedad privada de las grandes fortunas construidas con el trabajo explotado de millones de trabajadores. La CUT debería organizar las centenas de movilizaciones que por la base dan los trabajadores para exigir medidas sanitarias, unificarlas y convocar a un plan de lucha organizado, del conjunto de la clase trabajadora y no de cada sindicato por separado. La CUT debería encabezar un plan para superar la atomización de los miles de sindicatos, convocando a actuar simultáneamente, a coordinar las protestas en todos los lugares de trabajo para presionar con fuerza por la cuarentena total, exigiendo que el costo de la crisis la paguen quienes la producen: los empresarios y no el Estado.

Cuando “más Estado” significa “No tocar” la propiedad privada

El plan de emergencia presentado por Piñera indudablemente responde a los intereses de las fortunas más grandes y está orientado, como siempre pasa en las crisis capitalistas en el mundo, a entregar fuertes sumas de dinero a las empresas más grandes a través de subsidios, rebajas tributarias o “estímulos fiscales”.

En Chile, las empresas más grandes (forestales, minería, retail), concentradas sólo en 10 familias, dinamizan la economía, pero no son las que emplean más trabajadores.

Para graficar un poco: la gran minería es responsable del 10% de la riqueza nacional, pero sus trabajadores directos son unos 34.000. El comercio aporta otro 10%, pero del total de sus trabajadores, sólo un 25% están contratados en alguna de las grandes empresas del retail, es decir unos 300.000. Para las grandes empresas, el plan de emergencia de Piñera propone retrasar el pago de impuestos en el caso de que tengan que detener sus actividades, y para esos trabajadores, contempla el pago de sueldos a través de sus fondos de cesantía, con un suplemento estatal cuando sea necesario, ningún aporte de esos empresarios. Sin embargo, en el país hay algo más de 2 millones 400 mil trabajadores informales, cuyas familias están en riesgo directo de no tener qué comer el tiempo que dure la emergencia sanitaria. Para ese tremendo sector, el Estado dispondrá del Bono Covid-19 para pagar el Subsidio Único Familiar, que significan unos 130 millones de dólares.

Piñera, como buen neoliberal, echa mano al recurso estatal para salvar los negocios de su clase. En ningún caso, recurre vía impuestos a tocar siquiera una mínima cantidad el tremendo patrimonio de las 10 familias más poderosas del país, de las que él mismo es parte, y que juntas acumulan más de 37 mil millones de dólares. Diez familias reúnen el equivalente a la mitad del presupuesto nacional. Si el plan de emergencia cobrara un impuesto de sólo 1% de esas fortunas, es decir 370 millones de dólares por una vez, esas diez familias aportarían casi tres veces el fondo público destinado a las familias de los trabajadores informales en todo el país. Si el plan cobrara un impuesto de 10% a esas diez fortunas (el IVA que pagamos todos es de 19% en cada cosa que compramos) se recaudarían 3.700 millones de dólares que alcanzarían para aumentar la capacidad hospitalaria y contratar más personal para la salud. Si las empresas en manos de esas familias fueran del Estado, en una economía centralizada y planificada, entonces se podría orientar el grueso de la producción y los servicios a satisfacer de forma íntegra las necesidades que la catástrofe sanitaria impone y garantizar la mantención de la cadena productiva y de servicios esenciales para sostener la vida de toda la población.

En su declaración del 20 de marzo, el partido Comunista no propone nada de eso. Al contrario, concuerda con Piñera, que carga sobre los hombros del Estado la totalidad del financiamiento del plan de emergencia, para salvar en primer lugar a los grandes empresarios con subsidios, y a la clase trabajadora más precarizada mantenerla produciendo, con un bono estatal para suplir los sueldos. El PC concuerda con un plan de rescate sobre la base de que no se detenga la producción (por eso la CUT no levanta la urgencia de una Cuarentena Nacional Ya), de que sean las empresas estatales y el aumento del gasto público los que salven la economía, de que el Estado a través de subsidios estimulen el cumplimiento de la cuarentena. Pero ninguna miserable propuesta de tocar ni un solo peso de las grandes fortunas para enfrentar la crisis que cobrará miles de vidas.

Las propuestas del PC; disfrazadas de izquierda pro defensa del trabajador, coinciden con las del gobierno burgués y aplauden sus medidas negligentes y su plan de salvataje a la gran propiedad privada a costa de los fondos públicos, terminan traicionando la lucha de la clase explotada, mostrando engañosamente que esta crisis mundial puede ser superada con la colaboración de la sociedad completa, como si en ella no existieran clases opuestas históricamente por el papel que cumplen en la división del trabajo: una mayoría que produce la riqueza y una minoría que se la apropia para sus propios privilegios.

En el capitalismo global, y en medio de esta pandemia mantenerse con vida y con salud es un privilegio.

Para enfrentar la peor crisis sanitaria, el PC propone más diálogo

A través de un llamado a un gran Frente Social y Político para imponer el Plan Nacional de Emergencia, partiendo de la instalación de “un fuerte diálogo social”, el PC llama a confiar nuestras vidas a los mismos que nos degradan, explotan y matan: los empresarios. Así propone que tras 5 meses de revolución, con miles de personas procesadas y mutiladas por todo el país, incluyendo decenas de muertos adultos, adolescentes y hasta niños; el pueblo trabajador, las organizaciones territoriales y los luchadores nos sentemos a conversar con el gobierno asesino empresarial y corrupto del rechazo y del 6% cómo vamos a salir de esta crisis, sacrificando lo menos posible la sacrosanta propiedad privada del gran capital.

Toda su verborrea conciliadora apunta a establecer que “mientras más grande es el estado, más estabilidad alcanza el crecimiento económico…” Es decir, el problema no es que el aparato estatal esté en manos de los empresarios, sino que en Chile es muy pequeño y sus recursos no son suficientes.

El PC propone “más Estado y menos mercado” en un falso discurso de humanizar el capitalismo; asegura que a través del aumento progresivo a los impuestos (al parecer a todos por igual) y la “reestatización” de empresas estratégicas se puede lograr el buen funcionamiento de las sociedades. Esto muestra a las claras que el PC ha retrocedido y ya no cuestiona la propiedad privada de empresas o recursos, sino sólo el manejo especulativo de las empresas estratégicas en el mercado financiero. Probablemente por lo mismo, plantea como solución la reestatización (devolver al Estado) sin un mecanismo de expropiación bajo control obrero (quitar la propiedad en beneficio del interés público) de un medio de producción o recurso, pero sin retribuir un pago, entendiendo que el Estado recupera algo que ya fue pagado muchas veces sólo por el lucro que se obtuvo con su uso privado. Tal vez por eso mismo, plantea que solo por esta crisis “el Estado debe administrar la red completa del sistema de salud, tanto público como privada” en lugar de mostrar la urgencia de acabar para siempre con la salud privada.

¿Sabrá el PC, que el escuálido 4% de apoyo popular al parlamento los incluye también? Por supuesto que lo sabe. Pero no le importa. Como tampoco le importa que la CUT sea todavía una cáscara vacía que amarra y retrasa la poderosa movilización de los trabajadores que se necesita. Juntos, PC y la directiva de la CUT no impulsan destruir el sistema de explotación, sino vagamente lograr una sociedad con “menos desigualdad”. Promueven la falsa idea de humanizar el neoliberalismo, de dialogar con los dueños de la riqueza en vez de expropiarla; por eso llaman una y otra vez a negociar con los patrones desde todas las tribunas en que actúan (burocracias sindicales, parlamento, alcaldías y movimientos sociales)

En momentos en que toda la humanidad se ve amenazada por un enemigo biológico invisible, es urgente disipar toda duda sobre sus brutales efectos: el pueblo trabajador a nivel mundial será el más castigado. La única manera de romper la tendencia de aniquilación que impone el capitalismo global, es oponer una fuerza nueva, creadora y solidaria también a nivel mundial: una sociedad socialista, donde el pueblo trabajador organice y controle no sólo la producción sino sus propias vidas.

Lograr que se imponga desde abajo, una cuarentena nacional sanitaria, muestra el camino de organización y lucha contra los verdaderos responsables de esta barbarie: el empresariado internacional, y sus aliados locales, el reformismo conciliador y traidor.

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