Por Tamara Pouliquen


Tras la experiencia de la Convención Constitucional, muchas organizaciones políticas y sociales atribuyeron como causal a la derrota del Apruebo, el que la Convención fue un proceso viciado, que no fue una verdadera Asamblea Constituyente sino un pacto supeditado al Acuerdo por la Paz y cuya misión era la de desviar las movilizaciones y truncar el 18 de octubre.
En efecto, esta afirmación es cierta, pues aquel acuerdo tuvo como finalidad garantizar “[…] el restablecimiento de la Paz y el orden social en Chile” con todos los amarres explicados en esta misma edición y, por consiguiente, sacar de las calles a las masas movilizadas para bajar la intensidad de las luchas -que tuvieron su punto más álgido de la Revolución, en las jornadas de Paro del 12 y 13 de noviembre. Así ya transcurridos tres años del 18 de Octubre y en el marco de las nuevas movilizaciones de secundarios, distintos sectores políticos por fuera del régimen y organizaciones sociales, comenzaron a revivir nuevamente la consigna “se necesita de forma urgente, una Asamblea Constituyente”. Esto nos plantea las siguientes interrogantes: ¿Es posible que una Asamblea Constituyente solucione todos los problemas que vive la clase trabajadora como pensiones, educación, vivienda, salud, derechos laborales, medioambiente, etc.? Luego ¿es posible que esta importante tarea democrática sea cumplida en los marcos de la democracia burguesa?

¿Qué es la Asamblea Constituyente?

La Asamblea Constituyente tiene su origen en procesos revolucionarios dirigidos por la burguesía, cuando esta necesitaba despojarse de los lazos feudales que le impedían desarrollar plenamente las nuevas relaciones de producción capitalista. Como señala el Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, “Era preciso romper esas cadenas, y se rompieron. En su lugar se estableció la libre concurrencia, con una constitución social y política correspondiente, con la dominación económica y política de la clase burguesa”.

Una de las más influyentes Constituyentes fue la de la Revolución francesa en 1789, que dio como resultado la Declaración de los Derechos del Hombre y con ello la consagración del derecho a la propiedad privada, como dice Marx en la Cuestión Judía “El derecho humano de la propiedad privada es, por tanto, el derecho a disfrutar de su patrimonio y a disponer de él arbitrariamente (á son gré), sin atender a los demás hombres, independientemente de la sociedad, el derecho del interés personal. Aquella libertad individual y esta aplicación suya constituyen el fundamento de la sociedad burguesa.” y la seguridad, como herramienta necesaria para garantizar los intereses de esta clase; “El concepto de la seguridad no hace que la sociedad burguesa se sobreponga a su egoísmo. La seguridad es, por el contrario, el aseguramiento de ese egoísmo” . Por lo tanto, surge aquí una nueva concepción de Estado: El Estado Burgués y como tal la democracia dentro de un Estado dominado por esta clase. En consecuencia, una Asamblea Constituyente, es una institución de la democracia burguesa, un parlamento más, es la máxima instancia de democracia a la que recurre la burguesía para fijar el orden de la sociedad bajo sus propios intereses y para ello, cuenta con las Fuerzas Armadas, como garantes.

Si bien, el objetivo de una Asamblea Constituyente, es devolver el “poder originario” a los ciudadanos, redactar una Constitución y formular una organización del Estado; esta organización se corresponde a la clase que sostiene el poder y que hasta el día de hoy está en manos de la burguesía. Las distintas experiencias históricas han demostrado que mientras sea ella quien controla el Estado, no se podrán llevar a fondo todos los derechos democráticos y esto porque tarde o temprano, estas tareas podrían volverse en su contra.

La Constituyente en Chile

Aunque el proceso de Convención en Chile fue un proceso en los límites que impuso la burguesía (que se negó a ello durante treinta años), este era el último pistón al que podía recurrir, porque de lo contrario era aún más peligroso que las masas que siguieran peleando como el 18 de Octubre tuvieran la experiencia de avanzar organizadamente y derribar el gobierno de Piñera. A pesar de estar subordinada al Acuerdo por la Paz y firmada por los políticos que representan al gran empresariado, no deja de ser una de las formas de la Constituyente; es decir, un Parlamento, electo por medio del sufragio universal, donde el voto de quien produce vale lo mismo que el de sectores como la burguesía, que nada producen y donde la burguesía controla el poder económico, las instituciones electorales, partidos y los medios de comunicación; también con representantes de pueblos originarios y bajo la modalidad de “Paridad” para redactar el nuevo ordenamiento jurídico para el país.


Sin embargo, el texto que finalmente fue rechazado (por una aplastante mayoría de 7 millones), no contenía grandes reformas que transformaran el patrón de acumulación de riqueza en Chile, ni menos aquellos relacionados con la seguridad, pues la Fuerzas Armadas no fueron tocadas sustancialmente.


La mayoría de las corrientes reformistas como los movimientos sociales, el Partido Comunista o el frente Amplio, infundieron ilusiones en el Proceso Constituyente porque pensaron que dialogando con sectores que representan al empresariado, llegando a acuerdos políticos, se podrían haber solucionado una cantidad amplia de derechos sociales. En la práctica, estos demostraron hasta dónde estaban dispuestos a llegar y los límites de la experiencia constituyente: la defensa de la gran propiedad privada, el Derecho de herencia (para ellos) y el resguardo de las Fuerzas Armadas.

El grado de concentración de la riqueza en Chile, es inimaginable. Los grupos económicos (se llaman así porque la administración y control de las empresas son dentro de su propia herencia) son los dueños de la tierra, del capital financiero, de los ingresos, de las rentas y los mercados. Son dueños también de los medios de comunicación y financistas de las campañas electorales e incluso de algunos políticos de manera directa o indirecta -recordemos el financiamiento de la campaña de Bachelet con platas de SQM o las boletas ideológicamente falsas como las de Chaín, Moreira, Macaya o el ex senador UDI Jaime Orpis, condenado por fraude al fisco y cohecho-. Por consiguiente, es extremadamente difícil que la clase trabajadora, pueda tener mayor representación en un Parlamento burgués e imponer todos los derechos que necesitamos de conjunto.
Aunque una Asamblea Constituyente parte de la necesidad de llevar adelante e impulsar todos los derechos democráticos -impulso que aprovechan los revolucionarios para explicar a fondo un programa de transformación social- no deja de ser un espacio donde se llega a acuerdos con la burguesía y por ende, no representa para nosotros una salida estratégica porque siguen siendo ellos, los grandes empresarios, quienes siguen manteniendo todo el poder del Estado y de su principal sostén, las Fuerzas Armadas, para imponer sus intereses. Tales intereses son opuestos a los de la clase mayoritaria que es la que produce y transforma la naturaleza en riqueza para nuestro país, la clase trabajadora.

Asamblea Constituyente y poder obrero

Así pues sea Convención o Asamblea Constituyente en sus distintas modalidades, la “soberanía” de esta, será como una experiencia más que cualquier parlamento, ya que, estará secuestrada por quienes gobiernan para sus intereses y compromisos con el gran capital transnacional. La imposibilidad de tocar los Tratados de Libre Comercio por la Convención y la presión actual del gobierno por la aprobación del TTP 11 así lo demuestran. Sólo a condición de que exista el poder obrero podrá existir la democracia más amplia y profunda. Esta experiencia, no es tan lejana en nuestra historia, de manera embrionaria los trabajadores que se organizaron en los Cordones Industriales no sólo se plantearon las tareas de cómo y cuánto producir, sino también, tuvieron la claridad de plantearse la lucha por el poder político hacia la construcción de un Estado socialista que dejan explícitamente en el Manifiesto del Cordón Vicuña Mackenna: “[…] porque el socialismo es esto: es el poder para el pueblo, es el pueblo hecho poder.”

En síntesis, la tarea democrática de la Asamblea Constituyente libre y soberana sólo es un medio y no un fin en sí. Llevar adelante todas nuestras aspiraciones y necesidades, sólo será posible si van de la mano con la revolución y la constitución del poder obrero, una fuerza organizativa y movilizada de la clase trabajadora, que entra en franca disputa por el poder. Y entonces surge la pregunta: ¿Qué es el poder obrero? Es cuando los trabajadores, los obreros, los campesinos, la tropa de las fuerzas armadas, excluyen a los explotadores, constituyen sus propias organizaciones de masas, a las cuales les transfieren todo el poder público, como explicaba Lenin.

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