Crisis del agua en Osorno: voracidad capitalista, no sobreconsumo de clientes

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Más de una semana llevan los habitantes de Osorno sin suministro de agua potable, en una de las regiones donde más llueve. Los representantes de la empresa dijeron que la falla fue por la turbiedad del río. Luego tuvieron el descaro de afirmar que el problema no se puede superar por el sobreconsumo de los clientes y por lo tanto no pueden entregar una fecha segura para normalización del servicio. Las autoridades negligentes de este gobierno de empresarios se han enredado tratando de explicar con palabras difíciles el proceso de purificación del agua en las plantas de tratamiento, que es el mismo desde hace diez años. Piñera pone el grito en el cielo para calmar a la opinión pública, pero en la práctica hace nada. El problema del agua tiene su origen en la privatización del recurso.

Así es la historia: Pinochet entregó la explotación, producción y distribución del agua en régimen de concesiones públicas o privadas, en 1987. Los gobiernos de la Concertación de Frei y Lagos privatizaron las empresas sanitarias y profundizaron la privatización del total de los derechos de aguas de todo el país; a través de concesiones plenas que duran hasta 50 años, a empresas hidroeléctricas, mineras, forestales y agrícolas. Los grupos económicos beneficiados son los mismos que nos han estafado con la colusión de los pollos, las farmacias y las AFP’s. El grupo Luksic es el principal propietario de Essal; la empresa sanitaria de Los Lagos que abastece a Osorno y sus casi 140.000 habitantes, y de Aguas Andinas. Luksic se ha forrado en plata desde 2013 con el negocio del agua, ha financiado ilegalmente campañas políticas desde la DC hasta la UDI, se involucró en el caso Caval donde se inculpó al hijo de Bachelet. El negocio aumenta sus ganancias de manera espeluznante, ya que están garantizadas por ley. Sin embargo, cada vez que hay una crisis por lluvias intensas, queda claro que las inversiones en mantención de infraestructura o servicio son insuficientes y que el Estado chileno no fuerza a las empresas ni protege a los consumidores, los que vuelven a pagar en sus cuentas mensuales los costos de las “modernizaciones”. Y finalmente, como en el caso de Osorno, nuevamente el Estado, a través de la Municipalidad, se hará cargo de abastecer de agua a los desesperados pobladores, la que deberá comprar a los mismos privados, en una cadena de negocios sin fin, en una maraña de empresas filiales no reguladas. Las utilidades de la empresa en un año alcanzan los 10.000 millones de pesos, y la multa que arriesga por esta crisis es un chiste: 600 millones, a los que se agregan 400 millones de una multa anterior por derramar aguas servidas en el lago Llanquihue. Es más, la empresa Cachantún, ha donado cientos de botellas de agua envasada para “colaborar” en la emergencia. Sin embargo, Luksic es dueño de esa empresa, y esa donación es una maniobra para limpiar su propia imagen como responsable de la catástrofe que él mismo generó con su empresa Essal, y además, esa donación le permite rebajar impuestos de Cachantún.

¿Cuál es la salida?

El senador UDI Iván Moreira, inculpado en el caso Penta, ha salido a exigir la cabeza del presidente del directorio de la empresa y un perdonazo por seis meses en las cuentas del agua para los habitantes de Osorno. Pero eso es sólo humo para ocultar lo que ya todos gritan.

Negocio redondo

La única manera de resolver este problema, es sin duda lo que los mismos osorninos reclaman en sus protestas espontáneas: NACIONALIZACIÓN DE ESSAL. Pero esa demanda debe ser encabezada con la más férrea unidad de todos los trabajadores y trabajadoras de Osorno, organizados en sindicatos, juntas de vecinos y todas las organizaciones populares. Que ellos se unan en un gran consejo territorial con plenos poderes para garantizar la distribución permanente y suficiente de agua. Para controlar el plan de contingencia de las autoridades locales ante la emergencia sanitaria, como la distribución de medicamentos y la prevención de enfermedades infecciosas. Para resguardar los puntos de distribución e impedir el abuso. Para dirigir la apropiación de todas las reservas de agua envasada en los supermercados y así impedir la especulación con los precios en situación de emergencia.

  • Que Essal pase a control de los trabajadores y trabajadoras de Osorno
  • Renacionalización de todos los derechos de agua, sin indemnización a las empresas usurpadoras
  • Restitución de todas las empresas estratégicas al Estado, bajo exclusivo control obrero

Por un Encuentro Nacional de los que se movilizan, que levante un Gran Petitorio con todas nuestras demandas y que organice y unifique todas nuestras luchas

¡BASTA DE PIÑERA Y ESTE PARLAMENTO DE EMPRESARIAL Y CORRUPTO!

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